S?bado, 17 de noviembre de 2007
RAMON DEL VALLE-INCLAN
(1866 -1936)


?El chocolate ?parece cuento-
no lo inventaron en un convento.

Unos lo achacan a los Aztecas,
disputan otros si Chucumecas.?
Ram?n del Valle-Incl?n.

LA VOZ DEL MAS AMERICANO DE LOS ESPA?OLES


?Una lengua suprema ?ha escrito de Valle-Incl?n, Juan Ram?n Jim?nez-, hecha hombre, un hombre hecho con su lengua habla, fabla. Era el primer fablist?n de Espa?a, e intent?, en su obra de madurez sobre todo, una jerga total espa?ola... ? Y es el Valle-Incl?n maduro, ?cido, amargo, demoledor, el que hoy nos interesa y nos conmueve: el car?cter implacable de los esperpentos, el Quevedo moderno del Ruedo Ib?rico, el estilista deshumanizador, acre, sombr?o, de Tirano Banderas.

La m?scara espectacular y truculenta de don Ram?n del Valle-Incl?n, el gran personaje de barbas de chivo, sigue hoy todav?a recubriendo y ahogando al hombre de carne y hueso cuyo verdadero nombre era Ram?n del Valle y Pe?a. Con raz?n Manuel Aza?a, que lo conoci? bien, lo describi? como un ?hombre dulce e infantil, huidizo y modesto... que vive secretamente aherrojado por el personaje fabuloso de Valle-Incl?n?. G?mez de la Serna lo defin?a como ?la mejor m?scara a pie que paseaba, todo el a?o, la calle de Alcal?. Para Ram?n J. Sender que ha criticado a diversas personalidades de la generaci?n de Valle, este ?ltimo era el m?s sencillo, cort?s y afable de todos sus compa?eros de generaci?n.

El Valle-Incl?n ?ntimo pod?a ser tierno o brusco, dulce o malhumorado, seg?n las circunstancias. Fue, con toda probabilidad, un ?falso t?mido?, un t?mido a medias, resuelto a proteger su intimidad mediante un elaborado andamiaje externo que lo impel?a a veces a excesos de audacia, a desplantes agresivos. Fue tambi?n, sin duda, un artista plenamente consciente de su valor y probablemente amargado al comprobar que el aplauso que la sociedad le otorgaba no coincid?a con el que ?l cre?a merecer. Baroja era m?s le?do, Unamuno m?s escuchado, Azor?n consegu?a m?s f?cilmente la aprobaci?n de los poderes p?blicos. Por los a?os en que D?Annunzio llegaba a la cumbre de su popularidad y se convert?a en ?monumento nacional?, Valle-Incl?n viv?a todav?a en un cuchitril y ten?a que pedir anticipos a sus editores para no morirse de hambre. Las leyendas tejidas en torno a su vida encubren casi siempre una realidad dif?cil, dolorosa. As? ocurre desde el principio, desde, por ejemplo, su famoso primer viaje a M?xico. En un breve texto ?autobiogr?fico? publicado en 1903 en Alma Espa?ola afirma haber sido all? ?converso en un monasterio de cartujos y soldado en tierras de la Nueva Espa?a?; m?s adelante se concede un ascenso: hab?a llegado a ser nada menos que Coronel general de los ej?rcitos de Tierra Caliente. Piadosas mentiras que ocultaban unos a?os de estrecheces, por no decir de miseria. Sabemos que Valle-Incl?n hubo de trabajar como reportero de segunda clase, escribiendo cr?nicas noticiosas y reimprimiendo cuentos ya publicados en Espa?a en un diario de la capital, no llam? la atenci?n, no consigui? abrirse paso, y su visita a M?xico (1892-1893) debi? dejarle un sabor amargo que su posterior mitificaci?n no llegar?a a borrar del todo: un resentimiento que habr? de aflorar, no en la Sonata de Est?o, impregnada todav?a de efluvios po?ticos, de sensualismo tropical, sino precisamente en Tirano Banderas. Como si Valle-Incl?n hubiese escindido su experiencia mexicana en dos mitades: una parte susceptible de idealizaci?n, y otra, digna de s?tira y caricatura, que habr?a de dormir largos a?os en la memoria del escritor en espera de la transformaci?n art?stica que, al hacer posibles los esperpentos, le permitir?a aprovechar los materiales negativos acumulados en el recuerdo. De la experiencia mexicana ?del aspecto negativo de esta experiencia- salen tambi?n ciertos personajes del esperpento La hija del capit?n, de La cabeza del Bautista, de El ruedo ib?rico. Poco a poco, Valle-Incl?n profundiza, aquilata, subraya: lo que empez? por ser un doloroso fracaso se convierte en fuente de creaci?n. El sol?a decir que el motivo principal que lo impuls? a viajar a M?xico era, simplemente, ?porque se escribe con x?. Y Valle acabar?a, a la larga, por resolver ?art?sticamente- la inc?gnita que aquella x implicaba.

Valle siempre se interes? por las tierras de Am?rica. Era justo que a su vez los pa?ses del continente se interesaran por Valle. De tierras americanas han salido algunos de los m?s valiosos libros sobre Valle. La cosecha contin?a; es justo que as? sea, justo el homenaje al m?s americano de los espa?oles. Y como dijo, ?este gran don Ram?n de las barbas de chivo? : Melancol?a de aquellos llanos / de Ap?n. Jinetes ?ureos jaranos. / Melancol?a del indio . Pena / de los que arrastran una cadena?.

Francisco Arias Solis
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La paz pide una oportunidad.

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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 10:20
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