Viernes, 28 de diciembre de 2007
HOMBRES CON AUTORIDAD MORAL

?Lo que yo quiera callarme
d?jenmelo para m?;
no me obliguen al desarme
de honduras que no rend?.?
Miguel de Unamuno.

HABLAR LIBREMENTE

Hay una carta de Unamuno dirigida a Luis de Zulueta, fechada el 20 de enero de 1906, en que su autor se refiere a varios art?culos inconformistas y contracorriente que acaba de publicar. Sobre cuestiones disputadas y espinosas hab?a escrito con claridad y denuedo, con el admirable coraje civil que siempre tuvo.

Pero no est? seguro Unamuno de la eficacia que ello tenga. ?Por mi parte -dice- tengo conciencia de hacer lo que puedo. Doy mi manifiesto. ?Nadie se da por enterado? ?Sigo en mis trece! Y vuelvo a la carga... Y llegar? a ser uno de los pocos espa?oles que puedan hablar libremente de todo?.

Recuerda Unamuno a Pi y Margall en sus ?ltimos a?os, que ?dec?a todo lo que le parec?a?. Y a?ade esta mir?fica frase: ?Gozaba de una autoridad tal que nadie le discut?a ni le hac?a caso?. Y todav?a escribe, sin poder dejar el tema, abandon?ndolo y volviendo a ?l como sin querer: ?Aqu? no se cree m?s que en los diputados a Cortes, y yo no pienso serlo. Y basta de esto. Me habla usted de Giner. Otro hombre con autoridad moral, es decir, otro hombre a quien nadie hace caso?. Y, por ?ltimo, al despedirse de su amigo Zulueta: ?Que Dios le libre a usted de adquirir autoridad moral en Espa?a es lo que le desea su amigo Miguel de Unamuno?.

Sabemos que en una gran parte del mundo nadie tiene esa autoridad moral, nadie puede contar con decir lo que quiere, aunque ?caiga en el vac?o?, porque si intenta decirlo cae el autor en alguna parte peor. ?No valdr?a la pena pensar en qu? pa?ses podr?a escribirse al inicio del siglo XXI una carta como la de Unamuno? Uno de los errores que cometieron los intelectuales del siglo XIX y de comienzo del XX fue no estimar adecuadamente la libertad que ten?an, y as? la pusieron en riesgo de perderse; la consideraron ?natural? -y siempre- poca-, en lugar de reparar en que era maravillosa y casi milagrosa, expuesta e insegura, necesitada de ser ejercida, afirmada y defendida (las tres cosas).

Y todav?a hoy, cuando con el pretexto de que no se tiene ?plena libertad? se da por supuesto que ?no hay libertad?, se compromete esa que hay. Lo decisivo es que en los pa?ses en que no hay libertad, nadie la tiene para quejarse de ello, y entonces parece que la hay.

Pero hay otro tema en la carta de Unamuno. Y es su convicci?n de que la ?autoridad moral? viene a consistir en que al que la tiene ?nadie le hace caso?, y por eso puede decir lo que guste. En cierto modo es as?, ?qu? duda cabe? La famosa f?rmula burocr?tica ?Se acata pero no se cumple?, tiene su equivalente en la actitud de los hombres que frente a la verdad se encogen de hombros -o hasta hacen una reverencia- y pasan de largo. Es la voz del que clama en el desierto, ese desierto que parecen segregar los profetas y los hombres veraces.

Pero esto, que es verdad, ?es toda la verdad? Resulta que ahora, a los ochenta y dos a?os de haber muerto don Miguel de Unamuno, leemos con avidez las cartas que escribi? hace m?s de un siglo, cuando no nos acordamos ni del nombre de tantos a quienes ?se hac?a caso?, que ?mandaban? (o cre?an que mandaban). ?Qui?n se acuerda de la gran mayor?a de los diputados, de los ministros, de los hombres ?influyentes? de principios del siglo XX? ?Qui?n se acordar? de los de hoy?

Los profetas al cabo de milenios, siguen vivos. De sus palabras, que vieron caer sobre la arena calcinada del desierto, han bebido los hombres de innumerables generaciones. Los hombres con autoridad moral han aumentado la realidad -es lo que quiere decir la palabra ?autoridad?-, nos han enriquecido, nos orientan, nos ayudan, tal vez deciden hoy lo que va a pasar ma?ana. ?Qui?n duda de que hoy es Unamuno uno de los hombres m?s importantes de Espa?a? Y, frente a los destinados a pasar, se podr?a hacer, aguas arriba, la lista de los que se han quedado, de aquellos a quienes seguimos ?haciendo caso? porque los necesitamos para ser, para entender la realidad, para hablar y escribir nuestra lengua, porque no somos sin ellos.

Hist?ricamente, en el mundo terrenal, tambi?n hay ?escogidos?, y tambi?n son pocos. Y frente a un pr?jimo tenemos siempre una impresi?n definida: si es uno de ellos, si no lo es. Que no nos enga?en los elogios o las muestras de acatamiento: con frecuencia se dirigen a los que se espera que no van a quedar. Y como dijo el poeta: ??Qu? melanc?licamente / va deshaciendo el olvido / todo lo que hemos cre?do / que duraba eternamente!?

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs

No se puede ser libre m?s que entre libres.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

Gracias.

Tags: HOMBRES, AUTORIDAD, MORAL, FRANCISCO, ARIAS, SOLIS

Publicado por Franciscoariassolis @ 23:58
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