S?bado, 12 de enero de 2008
LUDWIG VAN BEETHOVEN
(1770-1827)

?En la m?sica de Beethoven los silencios
son relampagueantes. Sus impetuosas oberturas
iluminan a r?fagas las m?s hondas simas del silencio.?
Jos? Bergam?n.

LA VOZ DEL GENIAL SORDO

Ludwig van Beethoven, el dios de la m?sica, como le llaman algunos de sus bi?grafos, naci? en Boon en la fr?a de ma?ana del 16 de diciembre del a?o 1770. Por estas fechas, Mozart ten?a catorce a?os, Goethe veintiuno, Goya veinticuatro y Napole?n acababa de nacer.

Hijo de un m?sico humilde, bohemio y bebedor, que, impresionado por las dotes extraordinarias que ve en el ni?o, trata de llevarle a una carrera parecida a la de Mozart. Efectivamente, a los ocho a?os da un concierto en Colonia y act?a en Holanda. La formaci?n de Beethoven es desordenada hasta que Neefe le pone en contacto con las obras de Bach y H?ndel. A los doce a?os es ya un asombroso int?rprete de piano, ?rgano y viola. A los trece a?os de edad, ha compuesto tres sonatas y el Septiminio.

A los diecisiete, es recibido por Mozart, cuyo genio admira. El ya consagrado m?sico se asombra de las facultades de Beethoven. Este abandona precipitadamente Viena, donde se halla Mozart, y llega a Bonn para asistir a los ?ltimos momentos de su madre.

Vuelve a la capital austr?aca (1792) y recibe clases de Haydn, Salieri y Albrechtsberger, y se centra en las tareas de compositor. Empieza a sufrir los primeros trastornos de la sordera (1796), que ser? total a partir de 1819. Tiene ?xito en los salones, donde se presenta independiente, sin ataduras serviles. Se impone en el congreso de Viena, aunque el verdadero ?dolo sea Rossini, representante del italianismo. Su vida amorosa es una cadena de desenga?os sentimentales que sufre con ejemplar limpieza. Su encuentro con Goethe, al que admiraba, fue un fracaso y demostr? la dificultad de trato con el gran m?sico. Llega para Beethoven el ?xito con La batalla de Vitoria (1813), que el p?blico aclama con m?s fuerza que a la S?ptima sinfon?a. El estreno de la Misa solemne y la Novena Sinfon?a, en 1824, marcan el momento culminante de su carrera art?stica. Beethoven de espaldas al p?blico, no oy? el estruendo de sus aplausos; alguien tuvo que hacerle mirar al p?blico, ante el que se desvaneci? el ya enfermo maestro. Vive una larga etapa de soledad, turbada por las atrocidades neur?ticas de su sobrino. Poco antes de su muerte, recibe la visita de Schubert. Pobre y enfermo tambi?n, ense?a al maestro algunos lieder que descubren el gran genio escondido tras aquel rostro joven y enfermizo. Beethoven lee aquella m?sica y exclama: ?En Schubert hay una llama divina?.

Irascible, mis?ntropo, totalmente sordo, muy enfermo, acab? sus d?as, el 26 de marzo del a?o 1927, cuando una fuerte tempestad de nieve azotaba toda Viena. Seg?n el diagn?stico m?dico, Beethoven muri? de una cirrosis de h?gado. En sus exequias, se ejecuta, ante treinta mil personas, el Requiem de Mozart. Dieron sepultura a su cuerpo en el antiguo cementerio de W?hring, pero en 1888, sus cenizas fueron trasladadas al Cementerio Central de Viena.

Schubert acompa?? con tristeza al maestro que hab?a sido para ?l un dios sobre la tierra. Al regresar del cementerio, entr? con varios amigos en una taberna. Cuando les sirvieron de beber, alz? el vaso para brindar y dijo: ?Por el que le siga primero?. El destino habl? por su boca. El mismo Schubert fue pronto el elegido.

Resulta dif?cil encerrar la obra de Beethoven en los moldes aplicables a otros compositores. Sus nueve sinfon?as, en escala secuencia de seguidor de los cl?sicos Haydn y Mozart, para terminar en la creaci?n de la revolucionaria Novena sinfon?a, patentizan el esfuerzo de un m?sico sumamente inspirado y muy exigente consigo mismo. En la ?pera; Fidelio, Egmont y Coroliano, marcan las nobles incursiones del maestro en un g?nero apenas cultivado por ?l y al que, sin embargo, enriqueci? con su inspiraci?n libre y moderna. Cincos conciertos para piano y orquesta y uno para viol?n y orquesta forman el brillante conjunto que todos los aficionados conocen. Las diez sonatas para viol?n y piano han sido rebautizadas por la posteridad evidenciando as? la veneraci?n de la generaciones posteriores: Aurora, Apassionata, Claro de Luna, Primavera, A Kreutzer, etc., se?alan otros tantos intentos de atribuir a su composici?n un significado humano, enlazado con circunstancias biogr?ficas del maestro. La Misa solemne, homenaje a su gran protector el archiduque Rudolph, al ser ?ste nombrado arzobispo de Olm?tz, es la obra m?s lograda de la producci?n beethoviana.

Beethoven es la madurez del clasicismo vien?s y la aurora del romanticismo europeo. Beethoven como Goethe y Goya, no es hijo de una ?poca, sino creador de ella. Es el m?s importante de los m?sicos de todos los tiempos, el fundador de la nueva modernidad. ?Para nosotros -escrib?a Litz-, los m?sicos, la obra de Beethoven es como la columna de humo y de fuego que guiaba a los israelitas en su marcha a trav?s del desierto. Columna de humo para guiarnos de d?a, columna de fuego para guiarnos de noche. Su oscuridad y su luz nos indican igualmente el sendero que debemos seguir; una y otra son un perfecto mandamiento y una infalible revelaci?n?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs

Paz, queramos paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias

Tags: BEETHOVEN, FRANCISCO, ARIAS, SOLIS

Publicado por Franciscoariassolis @ 18:29
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios