Domingo, 13 de enero de 2008
LUISA DE CARVAJAL Y MENDOZA
(1566-1614).

?D?galo amor, a quien diere
el alma por escucharle
que fuerza ser? dejarle
vida y alma, si le oyere.?
Luisa de Carvajal.

LA VOZ DE UNA PROPAGANDISTA DE LA FE

El temperamento de Luisa de Carvajal es una prueba magn?fica de la energ?a, de la voluntad y valor de car?cter espa?ol de la ?poca. Con frecuencia, este impulso, seguido hasta sus l?mites m?s extremos, era la v?lvula de escape de la pasi?n. Si bien, ?en poes?a religiosa, y en su siglo nadie, la sobrepasa en castellano?. Devorada por un amor insaciable, y por la sed de sufrir por su amor, todas sus composiciones traslucen ese estado de pasi?n aguda, tan dif?cilmente sostenido por la generaci?n de los poetas. ?Ninfas del para?so soberanas, / sabed que estoy enferma y muy herida / de unos abrasad?simos amores?, canta Luisa de Carvajal en un arrebatado soneto, para describir los ?Coloquios del alma con Dios?, recurriendo a una de las m?s hermosas imitaciones del ?Cantar de los cantares? que haya producido literatura alguna.

Luisa de Carvajal y Mendoza naci? en Jaraicejo, provincia de C?ceres, el 2 de enero de 1566. Fueron sus padres Francisco de Carvajal y Vargas y Mar?a de Mendoza y Pacheco. Al quedar hu?rfana a los seis a?os qued? al amparo de su t?a Mar?a Chac?n, madre del arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval. Como su t?a era aya del pr?ncipe don Diego y camarera de las infantas, vivieron en las casas de la princesa do?a Juana, junto a las Descalzas Reales. Despu?s se traslad? a Monteagudo con las hijas del Marqu?s de Almaz?n, t?o suyo, y m?s tarde a la villa de Almaz?n. Luisa de Carvajal a la hora de definir su camino no se determina, ni a casarse para vivir conforme a su rango, ni a entregarse por siempre a la quietud de una reclusi?n perpetua en un monasterio. Hizo voto de castidad, y renunci? a cuantos bienes dispensa la fortuna, hasta que a los veintid?s a?os, al conocer los martirios sufridos en Inglaterra por el jesuita P. Edmundo Campiano, prometi? solemnemente a Dios ?buscar todas aquellas ocasiones de martirio que no fueran repugnantes a la ley de Dios? y, siempre que de ello hallase oportunidad, ?hacer rostro a todo g?nero de muerte, tormentos y rigurosidad, sin volver las espaldas en ning?n modo, ni rehusarlo por ninguna v?a?.

Despu?s de donar cuanto pose?a para la fundaci?n de un noviciado de misioneros en Lovaina, parti? resueltamente para Inglaterra el 27 de enero de 1605, en busca de una suerte igual a la del P. Campiano. No lleg? a sufrir tormentos f?sicos, pero s? dos veces prisi?n, a pesar de la protecci?n de los embajadores de Espa?a, e incesantes persecuciones de los protestantes, que la ten?an por un ?papista disfrazado?. Era la ?poca ?lgida de las luchas religiosas. Los cat?licos se ve?an en Inglaterra perseguidos como los herejes en Espa?a. Luisa de Carvajal, anhelante del martirio que hab?a de aproximarla a su Dios, prodigaba las manifestaciones de sus creencias, sin atender a las cari?osas reconvenciones de los embajadores de Espa?a, Pedro Z??iga primero, del Conde de Gondomar despu?s,: ??Quien la tuviera, Rey m?o, / en sus sienes apretada!?, exclamar?, al pensar en la corona de espina.

Predicando religi?n por donde pasaba, destruyendo en plena calle las pinturas e inscripciones que ofend?an su fe, y confortando con su asistencia a los cat?licos procesados, expir?, aniquilada por las pruebas y fatigas que se hab?a impuesto, a los nueve a?os de su llegada a Inglaterra el 2 de enero de 1614, rodeada de una especie de comunidad libre, que hab?a logrado fundar con unas cuantas mujeres piadosas. Sus restos fueron trasladado al convento de la Encarnaci?n de Madrid.

Su obra se reduce a un Epistolario bastante extenso, dirigido a ilustres personalidades de la ?poca, unos Escritos autobiogr?ficos y a una colecci?n de poemas. Su obra es eminentemente religiosa y su misticismo sigue la corriente de San Juan de la Cruz , Santa Teresa y Fray Luis de Le?n.

Luisa de Carvajal es la m?s ilustre de las escritoras religiosas de su ?poca, y no pocos la consideran como uno de nuestros mejores poetas del siglo XVII. A uno de sus m?s famosos sonetos pertenece este terceto: ?Fragua, que en vivo, fuego me convierte, / de los soplos de amor tan avivada, / que aviva mi dolor hasta la muerte?.

Francisco Arias Solis
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Gracias.

Tags: LUISA, CARVAJAL, MENDOZA, FRANCISCO, ARIAS, SOLIS

Publicado por Franciscoariassolis @ 22:23
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