S?bado, 19 de enero de 2008
HENRIK IBSEN
(1828-1906)


?Las verdaderas columnas de la sociedad
son la verdad y la libertad. ?
Henrik Ibsen.

LA VOZ DESPERTADORA DE LA INTELIGENCIA

Ibsen ha sido uno de los m?s importantes creadores de la literatura moderna dram?tica, considerado el autor del teatro de ideas. Pensar en Ibsen , resulta algo por el estilo de lo que es recordar a George Bernard Shaw , que ha seguido sus huellas, y a Unamuno. Los tres, son en grado superlativo, despertadores de inteligencias. Cualquier falta de integridad intelectual, ya evidenciaba en la vida de sociedad, ya en cada individuo, es blanco escogido por ellos para dirigir all? sus tiros. Pero Ibsen era por esencia un escritor de vena sat?rica, as? como su consuegro, Bj?rnson Bj?rnstjerne, con quien comparti? la primac?a de la literatura noruega, era un ap?stol de instintos constructivos y un ardiente poeta. El teatro de Ibsen es un exponente de la sociedad de su ?poca, a la que el autor pretende modificar, y expresa el conflicto entre la autenticidad y la hipocres?a. Su teatro se centra en la creaci?n y tratamiento de grandes personajes, especialmente femeninos, y por la cr?tica a los prejuicios burgueses y al capitalismo.

Henrik Johan Ibsen nace el 20 de marzo de 1828 en Skien, peque?a ciudad noruega, y muere el 23 de mayo de 1906 en Cristian?a (actual Oslo). Sufre a partir de los ocho a?os una angustiosa pobreza, despu?s de los desastres financieros que tuvo que padecer su padre. Ibsen, con catorce a?os, ingresa en un colegio religioso de Skien, que tiene que abandonar dos a?os m?s tarde, obligado por las necesidades econ?micas. Trabaja durante seis a?os de aprendiz de farmacia en Grimstad. Termina sus estudios de secundaria y comienza sus estudios de Medicina, que no finalizar?. Comienza a escribir algunos poemas y sus primeras obras dram?ticas. Obtiene el cargo de director del teatro de Bergen poco despu?s de publicar su primer drama Catilina en 1850, obra en cuyo desgraciado h?roe revolucionario surge ya el esp?ritu inquieto del autor, y despu?s de desempe?ar dicha direcci?n durante siete a?os, obtuvo otra la del teatro de Cristian?a, empleo ocup? desde 1857 hasta que emprendi? su viaje a Roma. Como Shakespeare, pues, adquiri? consumada maestr?a en la t?cnica teatral y bas?ndose en ella revolucion? el arte dram?tico en Noruega. En Bergen conoce a Susannah Thoresen, la hija de un cl?rigo, con la que contrae matrimonio en 1858. Su exilio voluntario dur? veintisiete a?os, Ibsen reside en Roma, Dresde y Munich. En 1891, regresa definitivamente a Noruega y en 1895 fija su residencia en Cristian?a. En 1900 sufre un primer ataque de apoplej?a al que le suceder?n otros que ir?n minando su salud hasta dejarlo postrado en cama totalmente paral?tico hasta su muerte.

Inicia su producci?n dram?tica bajo el influjo rom?ntico de Hertz en Dinamarca y de Dumas, en Francia, en obras como La noche de San Juan (1853), tragedia melodram?tica, y piezas rom?nticas como La fiesta de Solhaug, es decir, de la monta?a llena de sol (1856), y Olaf Liliekrans (1857), todas con muy pobres ?xitos. En Roma atrae la atenci?n de algunos cr?ticos, publicando la serie de Los pretendientes (1864), Brand (1866), Peer Gynt (1865), y su Emperador y Galileo (1873). En esta ?ltima obra desarrolla teor?as que son un compuesto de Ley y Libertad, lo cual parece ser la soluci?n que ?l da al enigma de la vida.

El tema capital de sus obras, es en rigor, el adoptado por Unamuno: que el individuo, ?el hombre de carne y hueso?, vale m?s que la masa, y que una mayor?a, por muy compacta que se presente, raras veces tiene raz?n. En Las columnas de la sociedad (1877), atac? la hipocres?a reinante en las altas esferas sociales, mientras que Las casas de las mu?ecas (1879), present? el modo como la clase media trataba a las mujeres. Fiel a la teor?a individualista de la vida, personifica en Nora la moral personal contra la moral social representada por Helmer, su marido, una de las ?columnas de la sociedad?, y justifica la emancipaci?n individual de la mujer, cueste lo que cueste.

A la tempestad de cr?ticas que levantaron estas obras y Espectros (1881), contest? Ibsen con Un enemigo del pueblo (1882), en que el deseo, a lo Unamuno, de emancipaci?n individual, lleg? al l?mite extremo. No pod?a ya el realismo ir m?s lejos, y en su obra siguiente, titulada El pato silvestre (1884), Ibsen vir? en redondo y comenz? un periodo en que dio rienda suelta a la imaginaci?n y se dedic? a estudiar los rasgos psicol?gicos de grandes personalidades. Rosmersholm (1886) es una obra caracter?stica de las de esta clase. Y una vez tornada esta nueva actitud imaginativa, que deja atr?s la triste realidad, no faltaba ya m?s que dar un paso para llegar al simbolismo, y en Solness, el constructor (1893), drama simb?lico, pinta la tragedia del genio que ?l personifica en un artista cuyas aspiraciones son, de puro altas inasequibles. En su obra final, Al despertar de nuestra muerte (1899), ?l mismo escribi? el ep?logo de su carrera literaria, la honda e impresionante confesi?n de su infelicidad. El estado de ?nimo que revela es el mismo del Canto a Teresa, de Espronceda, una vana nostalgia por aquel romanticismo color de rosa de los a?os juveniles, mezclado con las amargas reacciones producidas por la experiencia. Y como dijo el dramaturgo noruego: ?Nuestra sociedad es masculina, y hasta que no entre en ella la mujer no ser? humana?.

Francisco Arias Solis
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Gracias.

Tags: HENRIK, IBSEN, FRANCISCO, ARIAS, SOLIS

Publicado por Franciscoariassolis @ 18:27
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