Lunes, 21 de enero de 2008
EXHIBIR EL PROPIO YO

?Todos quieren repicar
y andar en la procesi?n.
Y todos farolear
cuando llega la ocasi?n.?
Jos? Bergam?n.

SUBLIMACION DEL FRACASO

El egotismo de muchos espa?oles es una cualidad que muchas veces sorprende y desagrada a los que visitan Espa?a. Sobre todo, naturalmente, a esas personas que por inclinaci?n natural, o por educaci?n, tratan siempre de evitar la exhibici?n de su propio yo. Lo cual no quiere decir, claro es, que a esas personas educadas y comedidas, su propia intimidad, lo que ellos son y lo que quisieran ser, no les interese o preocupe. El espa?ol no hace sino exteriorizar a gritos un sentimiento muy humano que otros, generalmente, callan. El que expres? Don Quijote al exclamar: ?No hay otro yo en el mundo?. Comentando estas palabras, escribi? Unamuno, extendiendo as? su propio inmenso egotismo a la humanidad entera, es decir, a cada uno de los hombres aislados que forman la humanidad: ?Cada uno de nosotros es ?nico e insubstituible?. Esto es lo que el alma siente, lo que cada coraz?n siente, callando; y lo que muchos espa?oles muy a menudo dicen.

Exhibir el propio yo supone siempre la convicci?n -o al menos el deseo de convencer a los otros- de una cierta superioridad. Ahora bien cada espa?ol parece convencido de poseer, por gracia divina, y sin ninguna otra raz?n, una indefinible superioridad sobre el resto de los mortales. Unamuno expres? perfectamente ese sentimiento al escribir en El individualismo espa?ol, a principios del siglo XX: ?Lo que no se comprende es que una persona sin hablar, sin escribir ni pintar, ni esculpir, ni tocar m?sica, ni negociar asuntos, ni hacer cosa alguna, espere que por solo acto de presencia se le dispute por hombre de extraordinario m?rito y sobresaliente talento. Y sin embargo se conoce aqu?, en Espa?a -no s? fuera de ella- no pocos ejemplares de esta curios?sima ocurrencia?.

Hay bastantes evidencias de que, desde hace siglos, ha abundado en Espa?a ese tipo de individuos. El escritor gaditano Cadalso, por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XVIII, habla tambi?n del caballero espa?ol, en los pueblos, lleno de orgullo, en medio de su pobreza; contento de s? sin motivo alguno: ?Todo lo dicho es poco en comparaci?n de la vanidad de un hidalgo de aldea. Este se pasea majestuosamente en la triste plaza de su propio lugar, embozado en su mala capa, contemplando el escudo de armas que cubre la puerta de su capa medio ca?da, dando gracias a Dios y a la providencia de haberle hecho Don Fulano de Tal?.

S?lo habr?a tal vez que agregar, para acabar el retrato de ese espa?ol, del extra?o tipo de hombre que aparece en las dos citas que acabamos de hacer, que junto a la seguridad de que ese espa?ol alardea, o, m?s bien, por debajo de esa aparente seguridad, de esa enf?tica afirmaci?n del propio yo, hay en realidad, hoy al menos, casi siempre, una profunda inquietud, una gran duda, un gran temor. Lo que sucede en verdad no es tanto que el espa?ol hoy se crea superior, sino que quiere serlo, que no se conforma con su peque?ez e insignificancia.

Bien pudiera pensarse que ese orgullo injustificado, esa soberbia extraordinaria, no es sino consecuencia de la derrota, sublimaci?n del fracaso personal y de su pa?s. Tal vez mucho de lo que ocurre y ha ocurrido en Espa?a, como en el alma de los espa?oles, pueda explicarse por el hecho de que Espa?a ha perdido hace mucho la posici?n preponderante que ocup? en el mundo una vez; y por el hecho de que los espa?oles nunca se han resignado a esta p?rdida de prestigio. Aunque no dejar?a de ser extraordinaria una tan larga falta de resignaci?n. Quiz?s el desmesurado egotismo de tantos espa?oles se pueda explicar en gran parte por ser muy frecuente entre ellos lo que hoy llamar?amos un agudo complejo de inferioridad.

Si una persona se siente superior, pero no puede demostrarlo, oscuramente proyecta a veces hacia un lejano futuro, hacia un mundo distinto al de la realidad presente, el pleno desarrollo de esas posibilidades maravillosas que siente dentro de si encerradas. Eso sucede a menudo al espa?ol, y por eso su egotismo es un sentimiento que trasciende del ahora y del aqu? para instalarse en un ilusorio m?s all?, en un d?a indeterminado.

Quiz? todo egotismo es siempre en cierto modo trascendente. Egotismo, ese brutal querer imponer el yo propio en otros, es tal vez, en realidad, ansia de infinito, deseo de permanecer, de no ser olvidado. Es un querer ser m?s, querer ser todo. Y si eso no es posible aqu? y ahora, habr? de ser posible luego, en otro mundo. Ese proyectarse hacia un m?s all? es probablemente lo que distingue este egotismo, este sentimiento -hondo y entra?able siempre, por odioso que a los otros parezca- de la simple vanidad, que es un sentimiento m?s superficial que busca su satisfacci?n s?lo en este mundo, s?lo ahora y aqu?. Y como dijo el poeta: ?Aunque llegues a lo m?s, / a lo m?s a que se llega / es a no poder llegar?.

Francisco Arias Solis
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Cuando hay libertad, todo lo dem?s sobra.

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Gracias.

Tags: EXHIBIR, PROPIO, FRANCISCO, ARIAS, SOLIS

Publicado por Franciscoariassolis @ 23:12
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