Mi?rcoles, 06 de febrero de 2008
EL SISTEMA DE OPOSICIONES

?Saber de verdad es saber
que la ignorancia es lo ?nico
que no se puede aprender.?
Jos? Bergam?n.

UN SISTEMA CALAMITOSO

Esta tierra tiene mitos inc?lumes que se mantienen a trav?s de los tiempos. La inseguridad en el juicio personal del que manda o el riesgo de que el mando se convierta en favoritismo invent? el sistema de oposiciones. Medio pa?s, pues, agoniza tras unos ?cuestionarios? que, ante el dominio de la demanda sobre la oferta, son pura y simplemente ?carreras de obst?culos?. Los tribunales examinadores respiran satisfechos cuando, pasado el primer ?ejercicio?, descubren que de los tres mil aspirantes que iniciaron las pruebas, para obtener quince plazas, ya han ?ca?do? m?s de dos mil quinientos.

La maldad del sistema no procede de su estructura, sino de la terrible necesidad en que se halla una gran parte de la sociedad espa?ola de acudir a los escalafones del Estado. Es una verdad inconcusa que las regiones de mayor desarrollo econ?mico proveen de menos funcionarios que aquellos cuyas parvedad econ?mica no puede ?acolchar? a sus habitantes. Con ser las oposiciones un sistema calamitoso, una mejor proporci?n entre el n?mero de ?plazas? y el de ?aspirantes? acabar?a por darles un aire humano e inteligente que permitir?a, al fin, convertirlas en un aceptable instrumento de selecci?n.

El sistema tiene su origen en la desconfianza. Nadie quiere creer que un organismo oficial pueda elegir sus colaboradores con la limpia eficacia con que los elige una empresa privada. Por tanto, quien aspire a un puesto, que ?oposite? a ?l.

Las oposiciones suponen un m?todo entre inquisitorial y taurino. Inquisitorial, porque la averiguaci?n de los saberes toma el aire implacable de los m?todos del Santo Oficio cuando intenta averiguar las cotas exactas de la sabidur?a del aspirante y a?n, al parecer -despu?s de leer los recientes debates parlamentarios-, el color de que se ti?en esas sabidur?as. Taurino, porque a la arena de la discusi?n acad?mica desciende el bravo lidiador para sortear las acometidas del dif?cil toro de los cuestionarios.

En una y otra met?fora no queda ausente un cierto concepto de lo espectacular. Hay ?aficionados? a ver los toros desde la barrera del p?blico y suelen presentarse con la apariencia docta de los enterados que saben cuando, en un momento determinado, la oposici?n se convierte en ?trinca? -otro resabio de la Espa?a medieval y teol?gica- asegurando el espectador en cierne que la sesi?n se presenta llena de dramatismo, susurr?ndose, incluso, al o?do del curioso, que lo m?s probable es que ?haya cogidas?.

En estos casos el buen opositor, a la manera de los grandes diestros, brinda su faena a los tendidos y trabaja con un ojo puesto en el tribunal y otro en el p?blico, que, s?lo por la fuerza de la inercia, habremos de denominar ?respetable?.

A tan pintoresco ejercicio se entrega bravamente una gran parte de la juventud espa?ola, agravando por el exceso de la demanda y la escasez de la oferta un sistema que, en cualquier caso, presenta bastantes de los riesgos de los juegos de azar.

Esta lid permite desde hace muchos a?os al talentoso del pueblo m?s escondido sentar plaza de memori?n ilustre y obtener los votos para la consecuci?n de un puesto en la m?quina del Estado. De esta manera hacemos, y esto es otra curiosa historia, sin?nimos la memoria y la inteligencia. Sin que, de modo alguno, intente desvalorizar la primera, ya que lo memor?stico es pieza clave para el juego de las ideas, es evidente que el empoll?n n?mero uno, el que llega a obtener r?pidamente el consenso y el aplauso popular es aquel que tiene la virtud, ciertamente admirable, de trasegar las papeletas de los temas y devolverlas, con sonora precisi?n, ante los tribunales examinadores. El memori?n tiene, efectivamente, tan buen cartel que en la tabla valorativa de las gentes se le otorga mayor laurel que a la inteligencia.

La estimaci?n de los valores intelectuales sufre; pues, con el sistema de las oposiciones otro evidente menoscabo. En otros pa?ses de Europa se dice habitualmente de un pintor, escultor, de un cantante, de un artista cualquiera que ?tiene talento?. Es decir, que el secreto ?ltimo de la importancia de esas formas expresivas se deriva del riesgo de la inteligencia que se supone rectora de toda actividad espiritual.

Ni la inteligencia ni la sensibilidad adquieren primac?a absoluta en los ejercicios de competici?n de uso en nuestro pa?s. Lo memor?stico prima por la sencilla raz?n de que es ?mensurable?. Iniciado el galope de la carrera de obst?culos lo m?s sencillo es utilizar como ?ndice de valoraci?n un sencillo reloj de arena. El opositor cubre ?ntegramente el tiempo que se destina o no lo cubre. Es materia juzgada. Y como dijo el poeta: ?El tiempo tiene su tema / como si estuviera loco. / Si t? no le das raz?n, / ?l no te la da tampoco?.

Francisco Arias Solis
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La libertad no la tienen los que no tienen su sed.


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Gracias.

Tags: SISTEMA, OPOSICIONES, FRANCISCO, ARIAS, SOLIS

Publicado por Franciscoariassolis @ 23:56
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