Domingo, 04 de mayo de 2008
AUGUST STRINDBERG

(1849-1912)

 

“No se puede tener otra tarea en cuanto a la vida

 que la de conservarla hasta morir.”

August Strindberg.

 

LA VOZ DE UNO DE LOS HITOS
DE LA DRAMATURGIA MODERNA

 

August Strindberg significa una cumbre de la literatura sueca, porque rompe los límites de su país, deja de seguir a remolque  de literaturas como la alemana y la francesa, y, por el contrario, lleva a Europa algo propio que llama  la atención, impone su ley en vez de recibirla. La grandeza de otros autores queda más o menos o circunscrita a Suecia: la fama de Strindberg voló por todas partes.

 

Toda la vida del autor sueco debió de ser un tormento continuo, una tragedia íntima, y en su harto receptivo cerebro libraron todas las batallas de su tiempo, ya pareciendo un afiliado de por vida al socialismo, ya prefiriendo a él el aristocratismo del superhombre de Nietzsche, ya inclinándose a Darwin, a Schopenhauer, a Spencer, ya siguiendo la corriente del naturalismo de Zola, ya el misticismo de Swedenborg y aun el catolicismo, después de haberse sentido positivista, ateo y todo lo imaginable. Valiéndose ora de la novela, ora del drama, refleja una de aquellas almas sumamente complejas, muy propias de los países del Norte, pero alma de revolucionario constante. Hubo un momento en que se le obligó a comparecer a Strindberg ante los tribunales de justicia, acusado de excitación al libre pensamiento, al libertinaje, al menosprecio de las cosas santas, y tuvo que salir desterrado de su patria en que tantos odios había desencadenado contra él con sus novelas y cuentos La habitación roja, El nuevo reino, Casados.

 

Uno de esos odios, que han arraigado hondamente, y no sin cierta razón, fue el de las partidarias entusiastas de la emancipación de la mujer, de las cuales se mostró decididamente enemigo Strindberg, aunque tanto de femenino había en su naturaleza. Y no sólo enemigo de esa emancipación fue, sino de la misma mujer, de la cual tiene pobrísimo concepto, y no se sabe si la ama o la odia con toda su alma. En resumen, la impresión que deja la figura de Strindberg es desconsoladora: va en busca de todos los ideales, pero acaba su vida confesando que el ideal no existe, que estamos condenados a perpetua inquietud, a aspiraciones de iluso que nunca se realizan. La consecuencia que de todo esto se saca es trágica: no valía la pena de derruir todos los templos durante una vida, para dejarnos después sumidos en la nada, con el aire desesperado de quien equivocó todos los caminos y tiene que confesarlo. Fue novelista y dramaturgo, y algunas de sus obras de teatro, como La señorita Julia y Padre, fueron traducidas al francés, y dieron mucho que hablar allá por los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX. Lo que fue Strindberg, y esto le comunica un sello de distinción que hace que muchas cosas, del todo inadmisibles, casi se le perdonen, es un artista de la prosa, formado en el estudio de modelos modernos, principalmente franceses, con los cuales le hizo intimar más su residencia en París. Autor de una vastísima obra narrativa y dramática es considerado el precursor del moderno expresionismo. Su fama universal procede de su producción dramática, en la que sobresale el estudio psicológico de los personajes y la intensidad de los conflictos planteados. En la última época inició un tipo de teatro más vanguardista que no siempre fue comprendido por el público de la época. A esta etapa pertenece su Teatro íntimo, para el que estableció determinadas normas de interpretación.

 

Johan August Strindberg nació en Estocolmo el 22 de enero de 1849 y falleció en la capital sueca el 14 de mayo de 1912. Tuvo desde su infancia una vida agitada y difícil que dejaría honda huella en el carácter iconoclasta y paradójico de su obra. Estudió en la universidad de Upsala. No logra terminar los estudios de Medicina ni los de Letras. Contrajo matrimonio tres veces y otras tantas se divorció. En 1883 inicia un exilio voluntario de seis años, recorriendo Suiza, Alemania, Francia e Italia. Al poco de su regreso a Suecia nuevamente se marcha para vivir durante varios años en Berlín y París.

 

Su misoginia se refleja en piezas como Casados I (1884), Casados II (1886), Alegato de un loco (1887-1888), Padre (1887), Camaradas (1888); La señorita Julia (1888) y Acreedores (1889). Fue, con todas sus extravagancias, uno de los más grandes artistas de su tiempo. El maestro Olaf  (1872), drama centrado en la figura de un histórico reformador religioso, presenta ya las dos características básicas de su teatro: rebelión contra las instituciones y proyección de su universo interior sobre el universo escénico; le siguieron las novelas La habitación roja (1879), de corte naturalista, donde hace una descripción de los círculos intelectuales de Estocolmo, El nuevo reino (1882) y Los habitantes de la isla Hemsö (1888), naturalista con un sesgo trágico. Tras una etapa socialista rousseauniana y fourierista, influido por las cartas de Nietzsche adopta la idea del “superhombre” en dramas como Paria (1889) y Simún (1889) y la novela A orillas del mar libre (1890). Posteriormente parece conseguir cierto equilibrio interior con el estudio de la teosofía, creando obras dramáticas maestras –El camino de Damasco (1898-1901), La danza de la muerte (1901)-, donde aparece una búsqueda de seguridad en la religiosidad mística. En La confesión de un loco (1893) refiere la historia de su primer e infausto matrimonio, en Infierno (1897) lleva a cabo un extraño estudio de la psicología anormal, y en su último drama, El gran camino (1909), retorna a la religión protestante y al socialismo campesino. Dos de sus piezas expresionistas más interesantes son La sonata de los espectros (1907) y El pelícano (1917), escritas para el teatro íntimo que fundó con A. Falk. El teatro de  Strindberg, dirigido a un público reducido, influyó decisivamente en la obra de Luigi  Pirandello  y de Eugene O’Neill, entre otros, y supuso tal revolución temática y técnica que constituye uno de los hitos de la dramaturgia moderna.  Y como dijo el dramaturgo sueco: “La vida es corta, pero puede ser larga mientras dura”.

 

Francisco Arias Solis
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Gracias.




Tags: Strindber, Arias, Solis, Francisco

Publicado por Franciscoariassolis @ 20:30
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