S?bado, 31 de mayo de 2008
EDUARDO ZAMACOIS

(1873-1971)

 

“En pocos meses el film quedó terminado. En él aparecían:

Pérez Galdós, en el jardín de su casa; Ramón y Cajal,

 en su laboratorio; Jacinto Benavente, dirigiendo un ensayo;

 Valle-Inclán metido en la cama, escribiendo; los inseparables

Azorín y Baroja, en la calle, ante un puesto de libros viejos;

 Blasco Ibáñez en su quinta de Fontana-Rosa; Santiago Rusiñol,

 en Aranjuez, pintando y navegando por el Tajo; Romero de Torres,

 en su museo de Córdoba; Emilio Carrere, representando,

 asistido por una bella actriz, su poesía «La musa del arroyo»;

 los hermanos Álvarez Quintero, dialogando una comedia,

 según hacían antes de sentarse a escribirla. Y en distintos

 lugares y situaciones: Wenceslao Fernández Flórez,

 Villaespesa, Hoyos y Vinent, Mariano Benlliure, Linares Rivas.”

Eduardo Zamacois.

 

 

LA VOZ DE LA LITERATURA ERÓTICA

 

Zamacois es, junto a Felipe Trigo,  uno de los más importantes narradores de novela erótica en el primer tercio del siglo XX, sirviendo de puente entre la novela naturalista y la novecentista.

 

Eduardo Zamacois marcó en su evolución un notable progreso a lo largo de su  prolongada vida literaria, continuada en el exilio a partir de 1939. Si la novela de su primera época mostraba la frivolidad y ligereza del llamado género sicalíptico, la de su segunda etapa dejó paso a un realismo de mayor  enjundia dramática; sus personajes fueron algo más que muñecos manejados a capricho por el autor.

 

Eduardo Zamacois nació en Pinar del Río, Cuba, el 17 de febrero de 1873 y murió exiliado en Buenos Aires, Argentina,  el 31 de diciembre de 1971.  Con cuatro años de edad  se trasladó con su familia a Bruselas y luego a París. Siendo un adolescente, llegó a Sevilla, de donde pasó a Madrid,  estudiando en la Universidad. Abandonados los estudios se dedicó al periodismo y la literatura. En 1897 colaboró con el semanario Germinal, fue fundador de las publicaciones semanales El Cuento Semanal  (1907) y Los Contemporáneos (1909), donde aparecían narraciones cortas, colaboró con las revistas El Gato Negro, ¡Ahí Va! y fue también el fundador y director de Vida Galante. Marcha a América en 1910 y recorres varios países, dos años después vuelve a España y al estallar la Primera Guerra Mundial se traslada a Paris como corresponsal de La Tribuna. Vuelve a Hispanoamérica en 1917 dando conferencias que más tarde continuó  por Europa y el norte de África. En 1936 Zamacois se encontraba en Madrid, donde conoce los efectos devastadores de la guerra civil  y convertido en cronista,  visita los frentes próximos. Más tarde residiría en Valencia y Barcelona, en esta última ciudad, trabaja en Mi Revista, publicación periódica publicada por Eduardo Rubio, quien le edita la novela El asedio de Madrid (1938). A finales de enero del 1939, Zamacois emprende el camino del exilio, marcha primeramente a Francia, de donde consigue llegar a México y después a los Estados Unidos y Argentina, estableciéndose en Buenos Aires, donde falleció.

 

Con motivo del homenaje a Cervantes organizado en 1947, en el destierro, se puso a la venta Rinconete y Cortadillo, que fue la primera entrega de La Novela Española, publicación editada en Toulouse que en su presentación decía no ser “una publicación de partido, sino una revista cultural”, y haberse asegurado la colaboración, entre otros, de los siguientes novelistas exiliados: Luis Capdevilla, Antonio Espina, Alejandro Casona, Arturo Serrano Plaja  y Eduardo Zamacois.

 

La precocidad de Zamacois le hizo publicar a los dieciocho sus primeras novelas Consuelo y La enferma (1896). Punto Negro su primer gran éxito apareció un año más tarde, y más de 60 ediciones en veinte años demostraron el favor del público. Seguidamente publicó otras muchas obras como Incesto (1900), El seductor (1902), Memorias de una cortesana (1903), o Sobre el abismo (1905). En El otro (1910) y  La opinión ajena (1913), consideradas sus obras maestras, apunta un sentido de lo dramático y una hondura de los que carecían sus anteriores obras. Algunos de sus títulos posteriores: Una vida extraordinaria (1925), Memorias de un vagón de ferrocarril (1929), Los muertos vivos (1932),  El delito de todos (1933) y La antorcha apagada (1935), son obras que se caracterizan por una mayor sobriedad de los asuntos. En el exilio, entre otras obras, dio unas interesantes memorias, Un hombre se va (1964) y la novela El misterio de un hombre pequeñito (1970).  Y como dijo nuestro novelista: “El medio es algo que se pega al carácter como el perfume a los vestidos”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
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URL: http://www.arrakis.es/~aarias

 

 

No se puede ser libre más que entre libres.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

 

 

 


Tags: Eduardo, Zamacois, Arias, Solis, Francisco

Publicado por Franciscoariassolis @ 16:52
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