S?bado, 21 de junio de 2008
EMILIO CARRERE
(1881-1947)

 

“¡Pobre manteo andrajoso

que sabe el drama angustioso

de mi amargo corazón!

¡Viejo tabardo glorioso

de Verlaine y de Villon!

Rota capa, compañera

de mi loca juventud;

tú, como insigne bandera,

has de cubrir mi ataúd...”

 Emilio Carrere.  

 

LA VOZ DEL CANTOR DE LA BOHEMIA MADRILEÑA

 

Emilio Carrere es el paradigma y portavoz de la bohemia literaria del siglo XX   -la bohemia llegó a constituir para él un estilo de vida-, influyó muy decisivamente en un grupo muy nutrido de líricos hambrientos y soñadores de la gloria. Traductor de Verlaine (Poemas saturnianos)  e imitador de su bohemia, convirtió la vida en literatura e hizo de su persona la figura del artista decadente, una estampa de época con chambergo y pipa; su bohemia tenía más de oropel que de realidad necesitada y auténtica. Cultivó la novela, la poesía y la crónica con estilo castizo y gran poder evocador en los tipos de la bohemia madrileña que tuvo en él su cantor más destacado. Gozó de gran popularidad en su momento.

 

Emilio Carrere Moreno nació en Madrid el 18 de diciembre de 1881 y falleció en la misma ciudad  el 30 de abril de 1947. Hijo de madre soltera, su madre Eloísa Carrere Moreno falleció al mes de nacer. Su padre Senén Canido Pardo, un famoso abogado y político, transcurrido unos años del nacimiento, quiso hacerse cargo del niño, pero él prefirió quedarse con su abuela materna que vivía muy pobremente.

 

Desde muy pronto se dedicó al periodismo y a la literatura. Asistió a numerosas tertulias.  Fue cronista oficial de Madrid. En su obra poética retrató preferentemente con tonos desgarrados y con desplantes de poeta maldito los ambientes bohemios y el mundo de los bajos fondos madrileños, desde el hampa hasta el de las “musas del arroyo”. También, en la línea escapista del Modernismo, evocó algunas veces acontecimientos y figuras del pasado. Exaltador de un Madrid hampón de bohemios, tahúres y prostitutas, se aplicó con apostólico empeño a apologizar las pretendida pureza que hay  en el mundo de los suburbios madrileños, todo ello adobado con los tópicos decadentistas.

 

Publicó los libros de poemas: Románticas (1902), El caballero de la muerte (1909), Del amor, del dolor  y del misterio (1915), Dietario sentimental (1916), Nocturnos de otoño (1920), así como la antología La corte de los poetas, subtitulada “Florilegio de rimas modernas”, y que es la primera recopilación poética del modernismo hispánico. En 1907 publicó en Los Lunes de El Imparcial el poema “La musa del arroyo” que se hizo muy popular.

 

Carrere es autor, además, de una vasta producción en prosa, en la que destacan  sus novelas: La cofradía de la pirueta (1912), Los ojos de la diablesa y La tristeza del burdel (1913), El reloj del amor y de la muerte (1915), Elvira la espiritual (1916), Rosas de meretrecio (1917), Las sirenas de la lujuria (1924) y La calavera de Atahualpa (1925). En su novela La torre de los siete jorobados (1924)  mezcla los elementos policíacos, humorísticos y fantásticos. Este misterioso folletín tiene interés como una de las primeras manifestaciones de la novela policíaca en España. Y como dijo el cantor de la bohemia madrileña: “Por los sin ventura que nunca tuvieron / la llave de oro de la inspiración; / por los que no triunfan, por los que murieron... / Por vosotros quiero decir mi oración”.

 

Francisco Arias Solis
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Gracias

 

 

 

 

 


Tags: Emilio, Carrere, Francisco, Arias, Solis

Publicado por Franciscoariassolis @ 23:54
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