Jueves, 29 de enero de 2009

TOMÁS DE AQUINO

(1225-1274)

 

 

“La justicia es la firme y constante voluntad

de dar a cada uno lo suyo.”

Tomás de Aquino.

 

 

 LA VOZ DEL DOCTOR ANGÉLICO

 

Tomás de Aquino es una de las mentes más brillantes de todos los tiempos. Dotado de una increíble capacidad de trabajo, toda su obra escrita se dirige en último término a explicar a los hombres la naturaleza divina, enseñanza que nadie ha conseguido superar hasta la fecha. Su obra filosófica parte de numerosos comentarios al pensamiento aristotélico, para construir sobre él un sistema coherente y trabado en que el racionalismo de base se emplea a fondo para la justificación de la dogmática cristiana. Tomás de Aquino es canonizado el 18 de julio de 1323 por el Papa Juan XXII y proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío V en 1567, finalmente, el 4 de agosto de 1880, el  Papa León XIII le declaró Patrón de las Universidades y de los  Centros de educación.

 

Tomás de Aquino nació en Roccasecca, Nápoles, en 1225 y falleció en el monasterio cisterciense de Fossanova el 7 de marzo de 1274, cuando  viajaba para asistir al II Concilio de Lyon al que fue enviado por el Papa Gregorio X. Hijo de una familia noble, sus padres le envían a estudiar al monasterio benedictino de Montecassino. Las vicisitudes políticas de la época aconsejan trasladarle a la Universidad de Nápoles, donde estudia Artes y conoce el espíritu de la Orden dominicana. En 1244 ingresa furtivamente en la Orden, sin que lo advierta a su familia. Después de completar su noviciado en Bolonia y París, es secuestrado por sus hermanos y conducido a Roccasecca, en donde le fuerzan para que vista el hábito benedictino o vuelva al estado seglar. En 1245 consigue escapar y huye a Nápoles. En 1247 es enviado al Estudio General de París y después al de Colonia, en donde conoce a su maestro, Alberto Magno, y  donde se ordena sacerdote en 1250. Se inicia entonces sus vida docente en diversas capitales europeas. Es admitido en la cátedra de Teología de París.  San Luis IX, rey de Francia le nombra su consejero. A partir de 1259 reside durante nueve años en Italia, de donde es nombrado Predicador General de la Orden. Como profesor del Estudio General Pontificio y consultor teológico del Papa, se ve obligado a residir en las ciudades donde se establece la corte pontificia. Durante su estancia en Roma, funda un estudio general en el convento de Santa  Sabina. En 1268 regresa a París, donde vuelve a ocupar su antigua cátedra de Teología. En 1272 sus superiores  le envían nuevamente a Italia como profesor de la Universidad de Nápoles. El 5 de diciembre de 1273, al acabar de celebrar la misa, sufre un cambio importante. A partir de entonces se niega a dictar a sus amanuenses y deja inconclusa su magna obra: la Summa theologica. Sus superiores temerosos de que haya caído en un agotamiento completo le envían a descansar al castillo de San Severino, propiedad de sus hermana Teodora. Su salud no mejora y vuelve a Nápoles. Se le insiste para que completa la Summa, pero el confiesa a su secretario: “No puedo. Después de lo que Dios se dignó a revelarme, todo lo que he escrito me parece demasiado poco”. Poco después muere.

 

No se conservan todas sus obras, que pueden dividirse en comentarios y personales. Los comentarios son: escriturísticos, filosóficos y teológicos. Las personales se dividen en mayores (Summa contra gentiles y Summa theologica, base de todo el pensamiento escolástico cristiano posterior)  y menores u opúsculos, de índole teológica y filosófica, entre cuyos títulos destacaremos: De aeternitate mundi y De unitate intellectus contra averroístas.

 

La influencia de Tomás de Aquino en la Filosofía y en la Teología es extraordinaria. El conjunto de la doctrina filosófica-teológica contenida en sus escritos se conoce como tomismo, término que en sentido amplio abarca la doctrina de los que desde el siglo XIII han tratado de defender, interpretar, desarrollar y sistematizar las enseñanzas filosófico-teológicas de Tomás de Aquino. Y como decía el Doctor Angélico: “Teme al hombre de un solo libro”.

 

Francisco Arias Solis
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Paz, queramos paz.


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Gracias

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Tags: Tomás, Aquino, Francisco, Arias, Solis

Publicado por Franciscoariassolis @ 23:21
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