Lunes, 23 de marzo de 2009

 

BLANCA DE LOS RIOS

(1862-1956)

 

 “¡El tiempo esa distancia de la vida

 que es la misma existencia que se va!...

La distancia, ese tiempo del espacio...

¡Terrible dualidad!”

Blanca de los Ríos.

                                               

                                                                                               

LA VOZ SENSIBLE DE UNA INTELECTUAL

 

El nombre de Blanca de los Ríos no ha pasado a la historia literaria ni por Melita Palma ni por La Rondeña, ni por su poema escrito desde Florencia cuando exclamaba  “rompo el silencio y duéleme la ausencia”. A Blanca de los Ríos hay que acudir cuando se trata de explicar el teatro de Tirso de Molina, porque “las mujeres de Tirso”, vestidas de hombre, son heroínas de Fray Gabriel Téllez y creaciones, que fueron desenmascaradas, casi diríamos desnudadas por la poetisa Blanca de los Ríos, a las que volvió a dar vida.

 

Blanca de los Ríos encarna ese aliento de poeta civil que Bécquer no quiso encarnar. Firmado en Sevilla en 1879 aparece un poema titulado “El poeta” con algo de manifiesto literario: “Venid de estos siglos yo soy el profeta; / mi acento arrebata los pueblos en pos; / oíd de rodillas: ¡Yo soy el poeta! / yo soy en la tierra la sombra de Dios...”

 

Blanca de los Ríos y Nostench nace en  Sevilla el 15 de agosto de 1862. En abril de 1928 pronuncia una conferencia en Madrid, en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, publicada aquel mismo año, sobre El enigma biográfico de Tirso de Molina, aireando su partida de bautismo y otros documentos que la llevan a demostrar cómo su teatro nació en el claustro arrancado de estas revelaciones la crítica histórica y la estética de ese nuevo Fray Gabriel Téllez que irrumpe a partir de esos años, los manuales de literatura en las nuevas luces que proyecta la erudita sevillana a la que Real Academia Española no ofreció un sillón pero si un Premio para su Estudio biográfico y crítico de Tirso de Molina.

 

A los diecisiete años Blanca escribe un Romancero de Don Jaime el Conquistador. Son veintiún romances pero la erudición ya es la gran vocación de la joven poetisa y a los romances acompañan notas eruditas sobre personajes y objetos. En su Nuevo Teatro Crítico Emilia Pardo Bazán elogia el estilo literario de la autora del Romancero. Son los años en que Blanca de los Ríos cultiva la novela y el cuento: Melita Palma, La niña de Sanabria, La Rondeña. Y publica  además del Romancero otros volúmenes de versos: La novia del marinero, Esperanzas y recuerdos. Colabora en varias revistas y periódicos: El Correo de la Moda, Madrid Cómico, La Ilustración Española y Americana, Blanco y Negro, La Enseñanza Moderna  son algunas de las revistas, y El Imparcial, La Época  y El Nuevo Mundo, las cabeceras de los periódicos en los que podían leerse sus artículos. Creó en 1918 y dirigió hasta su desaparición en 1930 la revista Raza Española y dentro de la escuela de un Menéndez Pelayo, ella es el nombre de mujer a situar junto a Rodríguez Marín, Asín, Menéndez y Pidal, Serrano y Sanz y tanto otros. Blanca de los Ríos muere en Madrid en 1956.

 

Cuando todavía no se ha casado con Vicente Lampérez, Blanca de los Ríos publica versos y algunos pasan las fronteras y merecen la traducción. Su libro más importante de versos es Esperanzas y recuerdos, que está dividido en tres partes.

 

En 1941, un grupo de admiradoras de la ya entonces prestigiada y conocida mujer intelectual –periodista, conferenciante, crítica y editora, novelista y poetisa-, da a la estampa un volumen de poesías olvidadas que no fueron incorporadas a los tomos de sus Obras Completas, bajo el título no muy afortunado de ¿Vida o sueño? Rimas. En este libro poético destaca “Carta a Florencia”. Es su poema de más amplias resonancias literarias. Es el poema clásico en elogio de una ciudad cuyo nombre, aire, historia, y talante se contraponen a una galería de otras ciudades que no pueden con la patria del Dante. Blanca de los Ríos ha escrito el largo poema que todo poeta vive –lo escriba o no- como contribución a esa ciudad única en el mundo: “Patria del pensamiento y la armonía / por madre te escogiera, ¡oh mi Florencia! / si no fuera Sevilla madre mía”.

 

Francisco Arias Solis
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La paz no se reduce a la ausencia de guerras

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Gracias.

 

 


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Publicado por Franciscoariassolis @ 23:47
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