Domingo, 29 de marzo de 2009

ARTURO REYES

(1864-1913)

 

 “Llevo la flor de las flores

-grita el florero en la esquina-

 el clavel de tus colores

 y el nardo y la clavellina

  y la rosa, la más fina

 y de más ricos olores”.

 Arturo Reyes.

                                                                                             

 

LA VOZ DEL ALMA ANDALUZA

 

Si la mayoría de los autores andaluces de la época de Arturo Reyes ponen de manifiesto la alegría del andaluz y de Andalucía, existe un lugar común opuesto que consiste en mostrar que esta alegría aparente no hace más que ocultar su profunda tristeza. La dualidad alegría-tristeza caracteriza la visión de la Andalucía que emana de las novelas de Reyes, cuyos desenlaces son generalmente trágicos.

 

La obra de este singular novelista malagueño puede ser considerada en su género como un equivalente de la de los hermanos Alvarez Quintero en el teatro, si bien Reyes ahondó en el alma andaluza algo más que los Quintero. Rafael Cansinos-Assens decía: “Los Quintero tapian el mihrab del alma andaluza, emparedan el Libro de su secreto y de su destino y plantan un riente jardín sobre el sepulcro de su melancolía. Pero esta melancolía existe, y nada lo prueba mejor que la insistencia con que estos almuédanos de la alegría repiten su festivo pregón”.

 

Arturo Reyes Aguilar nació en Málaga el 29 de septiembre de 1864. Fue un autodidacta que tuvo que luchar desde la infancia contra la miseria y la adversidad. Su infancia transcurre en la barriada del Perchel. Estudia idiomas y contabilidad en el Colegio del Arcángel San Gabriel. El 14 de junio de 1884, contrae matrimonio con Carmen Conejo Guillot. En 1885 figura ya  como redactor  de “El Cronista”, empleo que conservará prácticamente hasta su muerte. Tres años más tarde publica en Madrid una colección de narraciones breves con el título de “El Sargento Pelayo”. En 1889 presta su colaboración al semanario “El Renacimiento” y edita su primer libro de versos Ráfagas, dos años más tarde se publica Intimas. En 1895 logra un puesto de funcionario en el ayuntamiento de Málaga. Arturo Reyes, junto con Ricardo León, recibió el Premio Fastenrath y algo más tarde,  el título de Hijo Predilecto de Málaga.

 

Entre las novelas de este prolífico escritor, destacan: Cartucherita (1897), El lugar de la viñuela (1898), La Goletera (1900), La Maruchita (1907), Las del Pinto (1908), La Miraflores (1909), Cielo azul (1910), El del Rocío (1911), Sangre gitana (1911), Sangre torera (1912) y Entre breñas (1913). Entre los títulos más relevantes de su obra poética, se cuentan Otoñales Del crepúsculo y Bética.

 

En Cielo azul Reyes expone la situación crítica de los habitantes del Campo de Gibraltar.  Según el novelista, el problema crucial de esta comarca, radica en la existencia del latifundio, que hace que muchos de los hombres sin tierra se vean abocados al paro durante más de la mitad del año, sin posibilidad de cultivar algún terreno para alimentarse. Esto acarrea una miseria constante y una tasa elevada de mortalidad debido al hambre. En Cielo azul observamos que el contrabando aparece como una práctica común en esta comarca, incluso como oficio duro que requiere una gran resistencia física y comporta importantes riesgos.

 

El insigne autor de Otoñales muere en Málaga el 5 de septiembre de 1912, deshecho por la vida, acorralado por dolores físicos, trastornado por la morfina, en perpetua escasez. Hoy sus libros luminosos que gozaron de gran prestigio mueren en el silencio del olvido.

 

Este novelista estoico, de alma cándida y serena, pinta admirablemente el temperamento meridional  y la mentalidad de los barrios populares de su Málaga, Reyes se esfuerza en traducir la alegría de estos barrios, pero no deja de señalar su lado miserable y afirma con ironía que el sol es el único privilegio que disfrutan las calles pobres con el mismo título que las calles burguesas.

 

En la novela de Reyes encontramos muchas alusiones a la luminosidad de Andalucía y el elogio del clima andaluz desemboca generalmente en la exaltación de las flores cuya abundancia en cualquier estación y cuya diversidad aparecen como un  privilegio divino.

 

Las novelas de Arturo Reyes, al igual que su obra poética,  están impregnadas de su gran amor por Málaga (“el único bien que me otorgó la suerte / fue en tu regazo ver la luz primera&rdquoGui?o,  ciudad a la que, sintiéndola como suya, siempre le fue fiel. “Málaga hermosa, / Málaga mía, / gala y orgullo / de Andalucía”.

 

Francisco Arias Solis
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Paz, queramos paz.


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Gracias

 

 

 

 


Tags: Arturo, Reyes, Aguilar, Francisco, Arias, Solis

Publicado por Franciscoariassolis @ 21:14
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