Mi?rcoles, 29 de abril de 2009

 

RAFAEL LAFFON

(1895-1978)

 

“Sonaba tu melodía.

¿Sonó? ¿Sonaba en mi puerta?

La calle estaba desierta,

y  en mi puerta nadie había.”

Rafael Laffón.

 

LA VOZ DEL ESPIRITU ANDALUZ

 

Rafael Laffón, amigo y colaborador de la infancia de Joaquín Romero Murube, su obra está llena hasta el rebose de ese espíritu lírico, que sabe de matices, que caracteriza al poeta andaluz y, naturalmente, al sevillano. Son muchos los que recuerdan y conservan como una joya aquellos primeros números de la revista Mediodía que fundara con Joaquín Romero, en 1926, y que tanta importancia tuvo como exponente de la nueva literatura y como punto de unión entre la poesía de Sevilla y las grandes figuras del 27.

 

Rafael Laffón es uno de los poetas más representativos de la poesía sevillana contemporánea, pues encarna en su amplia obra la variedad de tendencias que caracteriza la labor literaria de su generación.

 

Rafael Laffón Zambrano  nació en Sevilla el 20 de abril de 1895. En  su ciudad natal  estudió el bachillerato y realizó también los estudios de Derecho y de Filosofía y Letras. Residió siempre en Sevilla, entregado de lleno a la creación literaria y al desempeño de sus tareas de funcionario técnico de la Administración. Colaboró en muchas revistas andaluzas de poesía y en otras muchas publicaciones españolas y extranjeras. Sus obras han sido traducidas al francés y al italiano. Rafael Laffón muere en Sevilla el 4 de noviembre de 1978.

 

Su actividad literaria abarca la creación poética, la prosa  y la crítica, aunque es en la primera donde se sitúan sus mejores logros. Su poesía –como la de otros autores del 27 hunde sus raíces en el modernismo. Después de un primer libro de corte modernista, Cráter: versos de ingenuidad y violencia (1921)  -otra obra de iguales características, El sol desaparecido (1922-1924), permaneció inédita hasta 1977-.

 

La evolución hacia el vanguardismo se consuma en los dos libros siguientes: Signo + (1927) e Identidad (1934). Se trata de una poesía hermética, dirigida a un público que sintoniza con las mismas claves estéticas de su autor, por lo que los matices de sus obras son sólo accesibles a una minoría. Las características de las mismas responden por lo demás a la corriente ultraísta. En esta época se registra también en Laffón una aspiración panteísta, que tiende a integrar la obra poética en la armonía del universo

.

Tras este ciclo inicial, la poesía laffoniana avanza hacia el que será su camino más característico. La tradición popular y la clásica –tanto la renacentista como la barroca- será el vehículo elegido después de la guerra para expresar su devoción religiosa, su pasión por Sevilla y el dolor y la soledad, provocados en 1949, por la muerte de sus esposa y, más tarde, por la de su madre. Entre los títulos más relevantes de esta  época se cuentan: Romances y madrigales (1944), Poesías (1945), Adviento de la angustia (1948), Cantar del Santo Rey (1948) y Romances del Santo Rey (1951), dedicados a Fernando III. Estos libros se distinguen por su impresionismo colorista  y juguetón. En ellos se incluyen poemas de tema religioso junto a composiciones plenas de musicalidad y colorido, de hondo sevillanismo  -lo que se ha llamado “barroquismo” de Rafael Laffón-.

 

La última época de la poesía laffoniana se abre con Vigilia del jazmín (1952), libro clave que expresa la magnitud de un tiempo de dolor que podríamos calificar de lírica de testimonio personal. La comunicación directa, el tono confidencial sustituyen al grácil retoricismo anterior. La poesía de Laffón adquiere así la nota distintiva del intimismo. El ciclo se completa con   A dos aguas (1962), La cicatriz y el reino (1964) y. Sinusoides y puzzle (1970).

 

En  1959 obtiene el Premio Nacional de Literatura por su obra antológica La rama ingrata.

 

Su obra en prosa está llena de lirismo y de amor a su Sevilla. Entre los títulos más relevantes de su obra en prosa se cuentan: Jardines de Sevilla (1921), Maternidad (1924), Ditirambo a las Cofradías (1926), Discurso de las Cofradías de Sevilla (1941) y Sevilla del buen recuerdo (1970).

 

Pero todo esto no tendría importancia si no fuera unido a  una inmensa gama de valores humanos. Como hemos dicho manifestó la altura superior de su alma, llevando siempre de la mano aquel niño sensible que giraba y volaba en los caballitos,  “tiovivos”, el carrusel..., de la calle del infierno de la Feria de Abril de Sevilla. Precisamente “fue una noche en que mis padres decidieron dar una vuelta por la feria (...). Cuando mi madre salvaba una cuneta  entre dos paseos de los varios que corrían paralelos el arrecife de coches, se sintió enferma repentinamente en forma apremiante, inaplazable. Se cobijaron bajo una acacia, perplejos y sobresaltados. Ella no podía tenerse de pie, lívida, demacrada. Acudieron varias señoras, intentando transportarla a una caseta. Y en esto, providencialmente, cuando ya los feriantes se daban cuenta del lance, llegó el coche de unos amigos que a escape llevaron a mis padres a casa. A compás de las primeras claridades del alba, a las cuatro de la mañana de un día 20 de abril, fue el punto y hora en que un hombrecito comenzaba a llorar”.

 

Este poeta, tan sevillano, que nació a las cuatro de la mañana, a las cuatro en punto de la mañana,  en la Feria de Abril, cuando la feria estaba en el Prado de San Sebastián, nos dice: “Para morir es buena cualquier hora / porque el tiempo se para mientras crece / la hierba o se espera / un golpe sin remedio en el costado”:

 

Francisco Arias Solis
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¡Necesitamos vivir en paz!


Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.


Gracias

 


Tags: Rafael, Laffón, Francisco, Arias, Solis

Publicado por Franciscoariassolis @ 22:49
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