Mi?rcoles, 20 de mayo de 2009
 

 

JUAN RAMON JIMÉNEZ

(1881-1958)

 

 

“Eres eterno, amor,

como la primavera.”

Juan Ramón Jiménez.

 

LA VOZ ERRANTE DE LA LIBERTAD

 

“Dadme siempre una mujer –escribía Juan Ramón-, una fuente, una música lejana, rosas, la luna –belleza, cristal, ritmo, esencia, plata-, y os prometo una eternidad de cosas bellas”. De la capacidad de vivir y crear esta belleza alternativa nace el orgullo, que ya nunca le abandonará, de ser poeta.

 

Nace Juan Ramón Jiménez Mantecón el 23 de diciembre de 1881, al filo de la medianoche, en Moguer (Huelva). El poeta no tarda de impregnarse de andalucismo de una Andalucía universal, real y mítica. “Te llevaré Moguer –decía Juan Ramón-, a todos los países y a todos los tiempos”.

 

Juan Ramón estudia bachillerato en el colegio que los jesuitas tenían en El Puerto de Santa María, donde tiene como compañeros de curso a Fernando Villalón y a Pedro Muñoz Seca. En 1896 aprueba el Bachillerato Superior en el Instituto de Jerez. Desde su infancia mostró un gran entusiasmo por las artes y una notable predilección por la pintura. Su mayor travesura en el colegio de los jesuitas fue pasarle a su compañero Fernando Villalón un dibujo de una tiple italiana, en la clase de catecismo.

 

En 1900 llegó a Madrid y en seguida contó con las amistades más prestigiosas en el mundo de las letras. De esta primera estancia en Madrid datan sus primeros libros Ninfeas y Almas de violetas. En 1903 apareció Arias tristes, del que Antonio Machado dijo: “¡Hermoso libro de juventud en sueños!... Juan Ramón Jiménez sigue el camino de sí mismo, que es el bueno”. “Veo en usted –escribía Rubén Darío- un poeta verdadero que tiene el corazón sano. Ve alto, vuela alto, vive en un sueño de hermosuras. “

 

En 1905 volvió a Moguer, en donde permaneció hasta 1912. Vive Juan Ramón una Andalucía inefable en la que todo se tiene en cuenta para conseguir una felicidad paradisíaca y se oyen frases como la de ese mozalbete, que define el gozo de piar los pajarillos del atardecer, diciendo: “Están contentos porque el resto de la noche es de ellos”. A esta etapa corresponden sus libros Las hojas verdes, Baladas de primavera, Elegías, La soledad sonora, Poemas mágicos y dolientes, Melancolía y Laberinto. Hay que señalar en estos años la iniciación de su obra Platero y yo.

 

A finales de 1912 vuelve a Madrid. Se aloja en la Residencia de Estudiantes y allí conoce a Zenobia Camprubí, con la que, en 1916, en Nueva York contraerá matrimonio. A partir de esa fecha y con la publicación de Diario de un poeta recién casado se inicia un cambio fundamental en su obra poética.

 

La poesía de esta época (Eternidades, Piedra y Cielo, Sonetos espirituales), supone una nueva interpretación de su sensibilidad. A esta etapa pertenecen sus famosos poemas: “¡Inteligencia dame / el nombre exacto de las cosas!” y “¡No le toques ya más, / que así es la rosa!”.

 

En 1917 publicó Poesías escogidas y en 1922 la Segunda antología poética. Juan Ramón implacable con su esteticismo, concentra toda su atención de lo bello. Eleva la poesía a religión, viviendo exclusivamente por y para ella. Vida humana y poética a la par, una sola las dos. Para él poesía no es cosa de género es pura esencia. Y donde aliente ella está el poeta entero.

 

En 1935 Juan Ramón publica un manifiesto en apoyo de Antonio Espina, preso en la cárcel de Bilbao, por haber escrito un artículo contra Hitler. Al estallar la guerra civil española, Juan Ramón y su mujer salen de España y tras viajar a distintas ciudades y países americanos, en 1951 fijó definitivamente su residencia en Puerto Rico. En 1956 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura, que recibió tres días antes de morir Zenobia. Juan Ramón Jiménez falleció en San Juan de Puerto Rico el 29 de mayo de 1958.

 

La obra poética de Juan Ramón Jiménez –unida, como en Mallarmé, a su ejemplaridad personal –señaló el momento inicial de la nueva evolución lírica en España.

 

A partir del Diario, su poesía se hizo cada vez más esencial, más pura, más intensa en su contenido (Poesía, Belleza, La estación total...). Toda su obra es una afirmación por la libertad. Y es que, como dijo Juan Ramón: “Yo he sido, soy y quiero ser hasta mi final, un hombre libre”.

 

Francisco Arias Solis

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Tags: Juan, Ramón, Jiménez, Francisco, Arias, Solís

Publicado por Franciscoariassolis @ 5:53
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