Jueves, 05 de octubre de 2006
FRANCISCO ARIAS SOLIS
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LOPE DE VEGA
(1562-1635)

?Respeta, ?oh tu peregrino!,
este suelo humilde y llano
que aunque cubre un hombre humano,
tuvo esp?ritu divino.?
Lope de Vega

LA VOZ DEL F?NIX DE LOS INGENIOS

Posiblemente ning?n escritor espa?ol alcanz? en vida la fortuna cr?tica que glorific? a Lope de Vega. Sus obras fueron conocidas en todo el continente europeo y pasaron a las Am?ricas. Y la huella de Lope est? en los primeros autores de su siglo. Su retrato figuraba en muchas casas. Su nombre, sus versos, sus frases, sal?an a relucir a todas horas, en cualquier lugar. Su nombre serv?a de m?dulo para ponderar lo extraordinario. Se dec?a ?una casa Lope?, ?un coche Lope?, ?una joya Lope?. Y una parodia del Credo, popular?sima dentro y fuera de Espa?a, y prohibida por la Inquisici?n, comenzaba as?: ?Creo en Lope todopoderoso, poeta del cielo y de la tierra...?

El ?casi milagro? de la vida de Lope y la conmoci?n que provoc? su muerte, fueron recogidos y publicados por el poeta Juan P?rez de Montalb?n. En estos elogios figuran ciento cincuenta y tres autores. De los firmantes bastar? con citar, para dar idea de la importancia de esta corona po?tica, el pr?ncipe de Esquilache, Luis V?lez de Guevara, Francisco de Rojas, Antonio Sol?s, Gabriel Boc?ngel, Gaspar de Avila...

En Italia, un escritor excelente, Fabio Franchi, que estuvo en Madrid, en 1630, con el ?nico objeto de conocer a Lope, ?para asegurarse si era hombre o dios? , le dedic? su libro Essequie poetiche, en el que se re?nen ciento cuatro composiciones en verso y prosa, tributo admirable consagrado a Lope por los poetas y dramaturgos italianos.

Tirso de Molina, hace una impresionante apolog?a de Lope. Calder?n de la Barca, tan limitado siempre en sus elogios y en sus admiraciones, cuantas veces cit? a Lope lo hizo con admiraci?n. Quevedo alab? en toda ocasi?n a Lope. Miguel de Cervantes aclam? siempre al F?nix en verso como en prosa: ?Llovi? otra nube al gran Lope de Vega, / poeta insigne, a cuyo verso o prosa, / ninguno le aventaja ni aun le llega?.

Lope, el libre Lope, ya a fines del siglo XVII, sufre con un profundo olvido su delito de haber abierto las ventanas de nuestro teatro y haber sido due?o de todos los estilos y de todas las artes. En el siglo XVIII ya no queda ni su sombra en la escena. Reina una empelucada situaci?n. Se declara m?s que se dice.

Renace Lope, que para eso es F?nix, cuando pasa la nube del clasicismo. Le vuelve al teatro espa?ol la sangre al cuerpo y cuando llega el romanticismo ya es una llama.

A mediados del XIX empiezan a descubrirse unos a otros, los estudiosos, el genio portentoso de Lope y comienza una incesante bibliograf?a, un af?n de desentra?ar a Lope, de fijarlo.

Ya no es s?lo el aplauso del vulgo ?al que Lope busc? habl?ndole en su propio idioma-, sino el aplauso general del sabio. Y en este coro no son los espa?oles los menos apasionados,, clarividentes, certeros entusiastas. Lista, Mesonero, Hartzenbusch, Castro, ... inician el cortejo. Men?ndez Pelayo vuelca en Lope todo su ingente saber. Men?ndez Pidal, Rodr?guez Mar?n, Icaza, Am?rico Castro, Astrana Mar?n, Manuel Machado... Azor?n ?como siempre- halla nuevos perfiles. Y D?maso Alonso, Gerardo Diego, Valbuena Prat, Sainz de Robles.. ahondan y lustran, ofrecen a Lope sus propios brillos, para hacerle m?s radiante o para esclarecerle, sin olvidar a Ram?n G?mez de la Serna, revividor de Lope.

Si hubo alguna vez un poeta a quien su naci?n, no s?lo debe su drama, sino una literatura, lo fue, sin duda, Lope de Vega. No s?lo pose?a todas las dotes que son necesarias al eminente l?rico y ?pico como al dram?tico: esp?ritu flexible y vigoroso, facilidad de penetrar profundamente en la naturaleza y en la vida humana, sensibilidad ardiente, elevaci?n de la fantas?a y de la inteligencia, sino que adornaban adem?s en supremo grado todas las prendas que caracterizan a los grandes dramaturgos, como el conocimiento m?s profundo de los hombres y de sus inclinaciones, el sentido m?s perspicaz para comprender las pasiones, juntamente con su inagotable imaginaci?n e inventiva, delicada reflexi?n y el tranquilo y penetrante golpe de vista para trazar y desarrollar un plan dram?tico...

Una gran parte de las bellezas del teatro de Lope se debe a sus condiciones de poeta genial que con extraordinaria habilidad sabe situar una cantar popular o una letra inventada en el mismo centro, en el lugar adecuado de la acci?n dram?tica. Y en ello radica, vivamente, su aut?ntica popularidad. Por eso quiso unificarlo todo, amorosamente, sincronizando, al modo de lo popular espa?ol, la historia y la poes?a. ?Todo en Lope se resuelve en poes?a ?dec?a Azor?n-, y todo se resuelve en poes?a en el mundo. La sensualidad de Lope no es, en ?ltimo t?rmino, sino una forma de poes?a. Y quitarle a Lope, con un piadoso ba?o lustral, esa sensualidad, ser?a tanto como cegarle su rico minero de inspiraci?n constante y fluida. No lo hagamos. Dejen en paz los filisteos a Lope?.

Pocos autores cl?sicos se hallan tan entroncado con el pueblo de hoy como este Lope nuestro, cada d?a evocado, cada d?a redescubierto, cada d?a reincorporado y cada vez m?s sorprendente, inconcebible y deslumbrador. Y es que, como dijo Unamuno: ?El que es hombre de su patria y de su tiempo, es de todos los tiempos y todas las patrias?.

C?diz, 31 de agosto de 2006.
Publicado por Franciscoariassolis @ 1:36
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