Jueves, 05 de octubre de 2006
NI?OS EN SALA DE ESPERA

?La canci?n que yo he cantado
para los ni?os dolientes,
misericordiosamente
?c?ntame!?
Gabriela Mistral.

UNA LARGA ESPERA PRE?ADA DE DESESPERANZA

Uno de los derechos primordiales de los menores es el de tener una familia que se responsabilice de sus necesidades materiales, que le d? afecto y apoyo social. En el caso de los menores en instituciones, se presupone que una grave carencia en uno o en todos estos aspectos ha motivado la intervenci?n de las autoridades y que se ponga en marcha una acci?n educadora que restituye a los ni?os el derecho de crecer en un ?mbito que satisfaga sus necesidades materiales y psicol?gicas.

Se da por sentado que la acci?n institucional es sustitutoria y, por lo mismo, dura un tiempo m?s bien escaso. ?Cu?nto tiempo? En la pr?ctica cotidiana existe un grupo muy numeroso de estos menores para los cuales su estancia en las instituciones de acogidas se hace cr?nica. Las dos posibles salidas que se les promete ?reintegrarse a su familia de origen o ser acogidos (adopci?n) por parte de una nueva familia- no se plantean con ninguna inmediatez. En cualquier caso los ni?os mantienen unas expectativas acumuladas que, un d?a o un a?o tras otro, se ven frustradas. Son ni?os que se ven permanentemente instalados en la ?sala de espera?.

Es obvio que esta situaci?n contradictoria incide negativamente en su adaptaci?n a las instituciones que los acogen. Cuando se ?est? de paso? no hay necesidad ni esfuerzo por integrarse, si se ?est? de paso? durante mucho tiempo, la integraci?n se descarta pues cuanto m?s tiempo transcurre, m?s cerca ha de estar el fin. Esta falta de adaptaci?n incide particularmente en la escuela con los efectos que se pueden suponer.

Como consecuencia, los ni?os en esta coyuntura proceden a una especie de ?evasi?n? imaginaria. Uno de los principales problemas que existe en la mayor parte de los que est?n en instituciones de acogida, es la reconstrucci?n fant?stica que hacen de su vida. Y ello en una doble vertiente: crean un pasado inexistente e imaginan un futuro imposible. Ello se da sobre todo en los ni?os que est?n a la espera de reintegrarse con su familia originaria. Generalmente son incapaces de reconocer las causas (familiares) que est?n en el origen de su institucionalizaci?n y se forjan una interpretaci?n del pasado que jam?s pone en entredicho el comportamiento de sus padres; en cambio, son aquellas personas e instituciones que los acogen los ?culpables? de su situaci?n desesperadamente incierta. El futuro es contemplado por estos ni?os como un tiempo idealizado en que todos estos problemas dejar?n de existir. Pero en el tr?nsito a esa otra fase de vida pocas veces, piensan ellos, va a intervenir su decisi?n y su esfuerzo personal sino que sobrevendr? como el final de un cuento de hadas.

En muchos casos los padres no se mantienen alejados de sus hijos: los visitan de vez en cuando o, al menos una vez por a?o, declaran que siguen sin poder mantenerlos (y as? permanecen en la instituci?n). Este v?nculo ?cuya ruptura tiene algo de ?tab??- alimenta ilusiones, expectativas de un futuro necesariamente mejor. Los padres, cuando se encuentran con los hijos, les prometen que pronto los sacar?n de la instituci?n; despu?s siempre hay alguna raz?n externa, ajena a su voluntad, que se levanta como obst?culo a este ?final feliz?. Nunca llega el momento id?neo para el regreso. Pero los ni?os se siguen aferrando, como a un clavo ardiente, a la creencia en el retorno inminente al hogar. Ello define un eje de sentido para sus vidas.

Algunos padres desencadenan sutilmente un proceso de culpabilizaci?n en sus hijos. Le transmiten el mensaje de que si no regresan es por su culpa: se portan mal, no son responsables, son malos estudiantes... Por si fuera poco, en m?s de una ocasi?n los propios educadores contribuyen a remachar el clavo. La principal consecuencia de todo ello est? en que se encuentran en un callej?n sin salida: no se reintegran a su familia porque se portan mal, pero se portan mal, porque ello es inherente a la vida en una instituci?n disciplinaria. Con lo que se entra en c?rculo vicioso que lleva al bloqueo, al estancamiento y a un sin fin de conductas motivadas por la rabia y la impotencia.

No es de extra?ar que muchos de estos ni?os acaben por enquistarse dentro de una ?burbuja? psicol?gica: se alejan de la realidad, pierden toda motivaci?n para aprender, no disfrutan de la vida y tienen una marcada tendencia al fantaseo como enso?aci?n est?ril en oposici?n tanto a la imaginaci?n como a la conciencia de la realidad.

En definitiva, una larga espera pre?ada de desesperanza, unida a la falta de conciencia de la propia situaci?n y a la percepci?n sui generis de su realidad, constituyen un muro que se alza como barrera al desarrollo. Y como dijo el poeta: ?Desde entonces viv? so?ando / con aquel infantil infierno / por el que tus manos de ni?a / me guiaban para perdernos?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


La paz pide una oportunidad.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 7:57
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