Domingo, 08 de octubre de 2006
LA GRAN ILUSION DE LA PAZ


?Pido
la paz y la palabra.?
Blas de Otero.


EL ERROR DE LA GUERRA

No escuches el tambor lejano, dice el poeta. Elude la tentaci?n de la guerra. Y el que as? nos habla, en este caso, es un ego?smo epic?reo. El ego?smo del que no quiere o?r, ni quiere enterarse de lo que pasa. Si lo que pasa es duro, triste, amargo de saber. Es el miedo del que no quiere que turbe su paz el sonido guerrero del tambor distante. El miedo del epicure?smo verlainiano es todo lo contrario a una voluntad de paz, de justicia (dos cosas, en el fondo casi id?nticas). No hay guerra justa, ni justicia guerrera. Hay paz fuerte que no es la agitaci?n belicosa, sino la acci?n viva, penetrante de la voluntad y del pensamiento del hombre. Y esta acci?n constante, en cierto modo revolucionaria, de la paz, es un esfuerzo activo, mucho m?s fuerte en su contenci?n expresiva que la d?bil desesperaci?n de la guerra. Esas guerras desesperadas que fundamentan sus empe?os en necesidades nacionales que no fueron suficientemente atendidas, son, en definitiva, la m?scara de una impotencia nacional: es el resentido agravio; la ofensiva del d?bil que quiere enmascararse con el enga?o de la fuerza, de la gran ilusi?n guerrera.

Un pueblo, como un hombre ?un pueblo de hombres-, cumple su destino hist?rico cuando se muere. La vida de los pueblos, de los hombres, es luchar contra su propio y fatal destino: contra su destino mortal. Y esta lucha viva, creadora, es la paz; la paz y no la guerra; la paz en un grito, como el de Dante: ?Yo voy gritando, paz, paz, paz!

Y por eso la paz del pueblo, como la paz del hombre, es la victoria contra su destino: la conquista de su libertad. Cuando a un hombre a un pueblo se le arranca su libertad, se le entrega al com?n destino hist?rico de la muerte, a la fatalidad hist?rica de perecer. Se le hace verdugo y suicida. La guerra es el gran suicidadero nacional de los pueblos esclavizados mentirosamente a un destino hist?rico que se dice glorioso, y es sencillamente guerrero, negativo de la vida, de la libertad, de la paz.

El error de la guerra es tan profundamente humano como cualquier otra pasi?n del hombre. Y puede que en toda pasi?n humana vaya impl?cito este esencial error de la guerra: del placer guerrero. Los pueblos debilitados por una larga p?rdida de su libertad son m?s propensos al contagio de la pasi?n guerrera, porque anida en ellos con m?s encono el aburrimiento, el hast?o de una vida sin iniciativa libre, sin noble riesgo. La gran ilusi?n de la guerra, que es tambi?n m?scara, o al menos antifaz, del hast?o, del aburrimiento mortal del hombre, apasiona a los hombres desesperados, los emborracha para arrastrarlos voluntariamente a la muerte. La guerra fue siempre patrimonio hist?rico de los pueblos d?biles, sin libre voluntad afirmativa, creadora, de paz.

La paz se diferencia de la guerra, en que el luchar por ella no da h?roes, sino m?rtires; en que sus v?ctimas, la sangre inocente de sus v?ctimas, no es un testimonio mentiroso de vanagloria, sino verdadero de justicia.

Escuchemos el tambor lejano para prevenirnos. Para que estemos advertidos a tiempo, y con tiempo. Para que sepamos, y podamos en lo temporal, separar la paz de la guerra. Para no hacer las paces con la guerra, ni tampoco levantar guerras con la paz. Y como dijo el poeta: ?Paz en todos los hogares. / Paz en la tierra, en los cielos, / bajo el mar, sobre los mares?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

No disparar donde haya ni?os. Stop.
En la gloria no necesitamos m?s ?ngeles.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
Publicado por Franciscoariassolis @ 15:55
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