Lunes, 09 de octubre de 2006
ENRIQUE DIEZ-CANEDO
(1879-1944)

?Nadie podr? desterrarte;
tierra fuiste, tierra f?rtil,
y ser?s tierra y m?s tierra
cuando te entierren.
No desterrado, enterrado
ser?s tierra, polvo, germen.?
Enrique D?ez-Canedo. .


LA VOZ CRITICA DEL POETA

El cr?tico que previamente no sea artista, ni puede, ni sabe discernir en cuestiones est?ticas. Empieza por no ser consciente, y por lo mismo, tampoco responsable. Pero ha de entenderse la condici?n de artista en un sentido amplio, interior, temporalmente, no en el sentido estrecho, de profesi?n, que suelen darle a los ejecutantes.

Rec?procamente, el artista, si lo es considerable, ha de ser algo cr?tico. Autocr?tico. Poseer ra?z de cr?tica previa. Y antes de hacer, considerar. Si autocr?tica ?es decir, conciencia- es la realidad primordial del artista, autoridad, en su doble sentido, resulta ser la del cr?tico.

Enrique D?ez-Canedo es, ante todo, poeta. Si ha cristalizado en cr?tico es porque ello cae dentro del sistema, del sistema sensible. Y como cr?tico, goz? en nuestro pa?s, fama de rey. De rey de cr?ticos. Un elogio de Canedo supon?a una victoria. Algo, importante. Una censura ?aun templada con suave cortes?a- representaba un fracaso o por lo menos una pifia. Tal cr?dito, tal marcado prestigio, lo logr? Canedo en una larga y constante triple prueba de sagacidad, cultura y vigilancia. Federico de On?s lo supo ver y poner en su sitio, dentro de la tipograf?a en crisis de la literatura espa?ola, cuando escribi? inequ?vocamente: ?Su labor en relaci?n con la poes?a contempor?nea es doble: creadora y cr?tica. En este ?ltimo aspecto es la figura capital de toda la ?poca?.

Enrique D?ez-Canedo nace en Badajoz en 1879 y muere exiliado en Cuernavaca, M?xico, en 1944. Poeta, cr?tico, ensayista y traductor, fue una de las figuras intelectuales m?s influyentes de la primera mitad del siglo XX tanto en Espa?a como en Hispanoam?rica. Fue miembro de la Real Academia Espa?ola (1937), profesor de la Escuela central de idiomas y en la de artes y oficios de Madrid., ministro de Uruguay y embajador en Argentina. En poes?a empez? dentro de las corrientes modernistas en boga, de las que m?s tarde se fue distinguiendo por el matiz de intimidad y la pulcritud de forma, para terminar decant?ndose por la problem?tica social. Durante la guerra civil dirigi? la revista Madrid, colabor? en la revista Hora de Espa?a y particip? en el Congreso internacional de escritores para la defensa de la cultura celebrado en Valencia en 1937. En 1938 se exili? y continu? su actividad en M?xico.

Canedo se dio a conocer con el poema Oraci?n de los d?biles al comenzar el a?o. Sus primeros libros de poemas Versos de las horas (1906), La visita del sol (1907) son claramente rubeniano. Su intuici?n cr?tica y el esp?ritu alertado hacia lo franc?s le convierten en un introductor de la nueva poes?a francesa que traduce (La nueva poes?a francesa, 1913). M?s pr?ximo a Juan Ram?n Jim?nez (a quien dedicar? su extenso estudio) es su libro La sombra del ensue?o (1910). Sarc?stico, pr?ximo al esperpento son Algunos versos (1924) y Epigramas americanos (1928), para muchos su mejor obra. D?ez-Canedo favoreci? siempre la nueva poes?a y rese?? objetivamente los movimientos de vanguardia. Durante el exilio publica su ?ltimo libro de poemas, El desterrado (1940), que es un volumen brev?simo de poes?a honda, ?inteligente? y hasta ?intelectual?.

De su obra en prosa, rese?emos: Sala de retratos (1920), Conversaciones literarias (1921), compilaci?n de art?culos, Los dioses en el Prado (1931), cr?tica de arte. En M?xico escribi? Juan Ram?n Jim?nez en su obra (1944), y dedic? penetrantes p?ginas a la literatura hispanoamericana, recogidas en Letras de Am?rica (1944). En M?xico, en la editorial de su hijo, Joaqu?n D?ez-Canedo han aparecido reunidos en volumen cientos y cientos de sus art?culos, entre ellos, los cuatro vol?menes de sus cr?nicas dram?ticas, El teatro espa?ol de 1914 a 1936 (1968), que no s?lo ponen en evidencia que D?ez-Canedo ha sido el mejor cr?tico del teatro de su ?poca, sino que constituyen un documento valios?simo para el conocimiento de la historia del teatro espa?ol del siglo XX.

D?ez-Canedo no exager?, no alab? m?s all? de su gusto. Mesurado. Tuvo quiz?, como ?nico pero, el quedarse a veces corto teniendo toda la baraja en la mano por miedo de pasarse. Nunca murmur? del mal que le hicieron, ni se veng? con la pluma: por gusto, tacto y decencia. Juzg? sin murmurar, censur? sin hiel, not? sin vituperar. ?Un d?a me recogi? Enrique D?ez-Canedo, dec?a Le?n Felipe- como se recoge a un mendigo y me llev? de la mano a la revista Espa?a, donde me present? a sus amigos y m?s tarde a los amantes de la poes?a de la Pen?nsula y de Hispanoam?rica. Su voz ya ten?a cr?dito y autoridad entre los mejores?. Y contin?a Le?n Felipe: ?Pero en su mundo y defendiendo los principios de su mundo, fue el hombre m?s honrado y m?s valiente que he conocido?.

Amigo de sus amigos, de tertulias, de caf?s, de las calles, de las revistas, de los jardines, de los museos, de las redacciones, de todos los teatros. Y si hay librer?as de viejo en el otro mundo, all? andar?. Imposible no recordar la limpia bondad de este hombre de coraz?n firme, su callada grandeza, su serena mansedumbre que dio un ejemplo a intelectuales de aquellos que cambiaron la dignidad del hombre por el plato de lentejas. D?ez-Canedo no pudo experimentar ni la franciscana ambici?n de ambicionar poco, porque se sent?a colmado de gozosa conformidad, de acuerdo feliz con la vida: le bastaba lo suficiente. Y como s?ntesis de todas estas virtudes, su condici?n heroica de hombre de letras que s?lo se supedit?, con refinado se?or?o, a la servidumbre de la pluma.

El suyo era, seg?n Moreno Villa, ?... rostro sin nubes / donde la noche encender? sus astros / luces que nunca apagar? el olvido?. Y Alfonso Reyes, nos dej? dicho: ?Era uno de los hombres m?s sabios y m?s buenos de nuestra ?poca... Nunca reclam? lo mucho que todos le deb?amos...?. ?En Moguer, 1908 ?nos contaba Juan Ram?n Jim?nez-, al frente de una Elej?as puras y de su vida en Madrid, escrib? esta segura dedicatoria: ?A Enrique D?ez-Canedo, poeta sin macha?. Hoy treinta y seis a?os despu?s, yo en Washington, al frente de su muerte en M?jico puedo escribir con orgullo y amor un epitafio: ?Enrique D?ez-Canedo, poeta y amigo sin mancha?. Y como nos dijo, su gran amigo el poeta malague?o Emilio Prados: ?Laurel real: / Mientras que t?, ya tierra en tu destierro, / un ?rbol dejas libre del olvido: / laurel real, / all? en Espa?a, un eco desolado / crece junto a la mar, laurel de sangre?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 6:58
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