Jueves, 12 de octubre de 2006
LA SOCIEDAD DEL TIEMPO LIBERADO

?El tiempo que ibas contando
por a?os, meses y d?as,
por horas y por minutos,
era el tiempo que perd?as.?
Jos? Bergam?n.

LA CULTURA DEL TIEMPO DISPONIBLE

Desde el comienzo de la sociedad moderna, no ha dejado de plantearse una misma cuesti?n en las sociedades occidentales: ?en qu? medida es compatible la racionalidad econ?mica con el m?nimo de cohesi?n econ?mica que una sociedad necesita para sobrevivir? Hoy se plantea este mismo problema bajo nuevos aspectos, con una actualidad y agudeza crecientes.

En el conjunto de los pa?ses de la Uni?n Europea se producen hoy tres o cuatro veces m?s riquezas que hace cincuenta a?os. Sin embargo, tal producci?n m?s que triplicada no precisa tres veces m?s horas de trabajo. Exige una cantidad de trabajo mucho m?s reducida.

En Alemania el volumen total por a?o de trabajo ha disminuido un 35 por ciento. En Francia lo ha hecho en un 20 por ciento en cuarenta a?os y un 10 por ciento en los seis ?ltimos a?os. De aqu? en adelante, se nos dice, que los franceses mayores de 15 a?os pasar?n menos tiempo en el trabajo de lo que pasan viendo la televisi?n.

El sentido de tales cifras ?sentido al que nuestra civilizaci?n y nuestros representantes pol?ticos prefieren no enfrentarse- implica que ya no vivimos en una sociedad de productores, en una civilizaci?n del trabajo. Este no es ya el principal cimiento social, ni el principal factor de socializaci?n, ni la ocupaci?n principal de cada uno, ni la principal fuente de riquezas y bienestar, ni tampoco el sentido y centro de nuestras vidas. Salimos de esto de espaldas y de espaldas nos adentramos en una civilizaci?n de tiempo liberado, incapaces de verla y de quererla, e incapaces entonces de civilizar el tiempo liberado que no has tocado, incapaces de fundar una cultura del tiempo disponible y una cultura de las actividades elegidas para reemplazar y completar las culturas t?cnicas y profesionales que dominan la escena. En nuestro discurso, todo contin?a dominado por la eficiencia..., la preocupaci?n, en definitiva, de obtener el mayor resultado posible con el m?nimo trabajo en el m?nimo de tiempo. Y parecemos decididos a ignorar que nuestros esfuerzos de eficacia, de racionalizaci?n econ?mica, tienen como consecuencia principal un resultado que dicha racionalidad econ?mica no podr? evaluar ni dotar de sentido: la liberaci?n del trabajo, la liberaci?n de nuestro tiempo y la liberaci?n del reinado de la propia racionalidad econ?mica.

Esta incapacidad de nuestras sociedades de fundar una sociedad del tiempo liberado tiene como consecuencia una distribuci?n completamente absurda y escandalosamente injusta del trabajo, del tiempo disponible y de las riquezas. Nuestra mayor atenci?n recae sobre las nuevas v?as que abre la revoluci?n microelectr?nica y sobre las transformaciones fundamentales que suponen en la naturaleza del trabajo industrial y, sobre todo, en las condiciones de los trabajadores. Se nos dice que las tareas repetitivas y de pura ejecuci?n tienden a desaparecer de la industria; que el trabajo industrial tiende a convertirse en un trabajo interesante, responsable, auto-organizado, diversificado, que exige individuos aut?nomos capaces de iniciativa y capaces de comunicar, de aprender y de manejar una variedad de disciplina intelectuales y manuales. Un nuevo artesanado, se nos dice, est? tomando el relevo de la antigua clase trabajadora y realizando su viejo sue?o: los productores tienen el poder sobre los departamentos de producci?n y en ellos organizan soberanamente, su trabajo.

Y si preguntamos. ?Qu? proporci?n de asalariados accede entonces a esta nueva condici?n? Se nos responde as?: hoy en d?a, se trata tan s?lo de un 5 a un 10 por ciento de trabajadores de la industria, pero ma?ana ser?n m?s del 25 por ciento, porcentaje que en las industrias metal?rgicas alcanzar? del 40 al 50 por ciento.

Muy bien. Pero ?qu? suceder? con el 75 por ciento de los empleados de la industria, el 50 o 60 por ciento de la metalurgia, que no acceder? a esta envidiable situaci?n que acabamos de describir? ?Qu? sucede con aquellos y aquellas que no trabajan en la industria? ?No son ?stos cada vez m?s numerosos? ?No despide la industria mano de obra, no reduce, a medio y largo plazo sus efectivos? ?No ha descendido la proporci?n de la poblaci?n activa empleada en la industria alrededor de un 40 por ciento hace veinte a?os, alrededor del 30 por ciento actualmente y no se prev? que representar? menos del 18 por ciento en una decena de a?os? ?Qu? sucede entonces con esta mano de obra que la industria ?libera? , si puede decirse as?, para no conservar sino estos preciados profesionales polivalentes a los que, para mantenerlos, se les ofrece un tratamiento y una situaci?n privilegiados?

Conocemos las respuestas a estas preguntas, pero preferimos no ver el significado doloroso, desolador. En efecto, para casi la mitad de la poblaci?n activa, la ideolog?a del trabajo es una maldita farsa, la identificaci?n con el trabajo algo imposible, pues el sistema econ?mico no tiene necesidad, o tiene una necesidad espor?dica, de su capacidad de trabajo. La realidad que nos ocultan la exaltaci?n de los ?recursos humanos? y la exaltaci?n del trabajo de los nuevos profesionales es que el empleo estable, de jornada completa, durante todo el a?o y toda la vida activa, se convierte en el privilegio de una minor?a, y que para casi la mitad de la poblaci?n activa el trabajo ha dejado de ser un instrumento que les integra en una comunidad productiva y define su puesto en la sociedad. Y como dijo el poeta: ??Qu? quieres que yo te diga / que no sea un mal decir / de tu suerte y de la m?a??.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

Paz, queramos paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
Publicado por Franciscoariassolis @ 18:42
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