Domingo, 15 de octubre de 2006
FRANCISCO DE RIOJA
(1583-1659)

?Pura, encendida rosa,
?mula de la llama,
que sale con el d?a,
?c?mo naces tan llena de alegr?a,
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo??
Francisco de Rioja.

LA VOZ DEL POETA DE LAS FLORES

Ninguna de las composiciones po?ticas de Francisco de Rioja es tan conocida y tan bella, como la de A la rosa que figura entre ?Las cien mejores poes?as l?ricas de la lengua castellana? , escogidas por Men?ndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura espa?ola antigua y moderna.

Francisco de Rioja nace en Sevilla en 1583 en el seno de una humilde familia. Se inicia desde bien temprano en la profesi?n clerical y conecta con los c?rculos cultos de la ciudad, particularmente con el taller-estudio del pintor Pacheco. Tambi?n en su juventud se granjea la amistad de don Gaspar de Guzm?n, futuro conde-duque de Olivares, quien, con el acceso al trono de Felipe IV en 1621, afirma definitivamente su poder como gran valido, reclamando en seguida a la corte a su amigo como consejero y abogado de c?mara. All? le viene al poeta sevillano una sucesi?n de cargos (bibliotecario del rey, cronista de Castilla, consejero de la Inquisici?n) que traducen la protecci?n real de que goz?. Acompa?? al conde-duque al destierro; volvi? luego a Sevilla y m?s tarde a Madrid, donde muri? en 1659.

Frente a esa biograf?a externa, nos encontramos con un poeta intimista que canta a la paz interior y al reposo. Escribi? Rioja unos treinta sonetos amorosos y algunos menos de car?cter filos?fico, cuyo tema capital es la brevedad de la vida e inestabilidad de la fortuna. Varios de ellos se dirigen a ?rboles o plantas ?A la vid, A unos ?lamos blancos, A un fresno-: algunos al Guadalquivir; dos, muy notables A las ruinas de la Atl?ntida y A It?lica, que testimonian la afici?n por las ruinas, aun no siendo suya la famosa Canci?n a las ruinas It?lica. El gusto por los motivos arqueol?gicos y el recuerdo de viejas ciudades destruidas se evidencia en muchos pasajes de su obra; as? el soneto acabado en este terceto: ?Pues la ?nclita Sagunto, por sufrida, / m?s que a sus fuertes muros y a su gente, / debe a la adversidad su alta memoria?.

Con mayor maestr?a que el soneto maneja Rioja, sin embargo, la silva. Son notables la dirigida Al verano, en que invita a aprovechar el tiempo en el trabajo, y le ruega que se detenga para demorar la llegada de otras estaciones, unidas a la destrucci?n y el dolor; Al fuego, A la riqueza. Pero ninguna tan justamente famosa como las silvas A la rosa, Al clavel, A la rosa amarilla, A la arrebolera, por las cuales ha merecido Rioja ser llamado el ?poeta de las flores?. De acuerdo con su prop?sito moral, el poeta aprovecha la fugacidad de su hermosura para elevarla a s?mbolo de lo caduco de la vida y de la gloria humana. Pero junto a la reflexi?n moralizadora, la poes?a de Rioja es un canto permanente a la belleza inmediata, h?bilmente reflejada en unos versos llenos de cromatismo.

La silva dedicada A la arrebolera (o dondiego de noche, cuyas flores se abren al anochecer y se cierran a la salida del sol) supone la s?ntesis del pensamiento po?tico de Rioja: la felicidad est? en no aspirar a sobrepasar los l?mites fijados por la naturaleza. Y es que, como dijo el poeta sevillano: ?Y t?, admirable y vaga, / dulce honor y cuidado de la noche, / si la llama y color el sol apaga, / ?cu?l mayor dicha tuya / que el tiempo de tu edad tan veloz huya?: / no es m?s el luengo curso de los a?os / que un espacioso n?mero de da?os?.

Francisco Arias Solis
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 10:21
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