Domingo, 15 de octubre de 2006
VIVIR Y DEJAR VIVIR

?Pesa la carne y el alma,
o lo que sea, ya igual
todo, requetecansado
el hablar por no callar
de que ninguna vez veremos
entre nosotros la paz,
el di?logo, la ventura
de decir, y no pecar. ?
Ram?n de Garciasol.

DESGARRADORA CONVIVENCIA

Aunque la palabra ?tolerancia? tiene forma positiva, en rigor no se puede preguntar por ella sin tener en cuenta su contrario: la intolerancia. Se puede decir que la intolerancia es el fen?meno primario, y su supresi?n o correcci?n es precisamente la tolerancia.

Ahora bien, la intolerancia no consiste en una simple actitud hostil hacia posiciones, ideas, creencias que no se comparten. Se puede muy bien discrepar en?rgicamente cualesquiera puntos de vista, sin ser por ello intolerante. La intolerancia surge cuando no se acepta la realidad , cuando se ejerce violencia sobre ella como tal realidad, en otras palabras cuando se la descalifica, cuando no se reconocen sus t?tulos, su derecho a existir. La intolerancia consiste en querer suprimir una realidad, no en dejarla ser lo que es y combatirla porque parece inconveniente. El partido pol?tico que est? persuadido de ser el mejor y combate al adversario, y procura vencerlo y conseguir el poder, no es forzosamente intolerante; pero lo es si lo que quiere es eliminar al adversario, no dejarlo luchar, estorbar su existencia o su expresi?n, impedir que presente su programa, sus razones y sus argumentos.

Creo que el fen?meno de la tolerancia o intolerancia se confunde si se considera dentro de la esfera de lo individual. Es menester un planteamiento social, como un hecho de la vida colectiva. La sociedad incluye, como ingrediente esencial suyo, presiones y vigencias, que son absolutamente normales. La no admisi?n de lo que realmente no se acepta en una sociedad no parece intolerancia. Se podr?a decir, forzando la expresi?n, que lo que de hecho y de verdad no se tolera no aparece nunca como intolerancia expresa, y en rigor no es intolerancia. El juego normal de presiones en que la sociedad consiste lo elimina o reduce y acota, lo ?pone en su lugar? . La intolerancia va m?s all? de lo aut?ntico, es un plus impuesto por un grupo (o una persona) que usurpa el papel de la sociedad entera. De ah? su intr?nseca violencia, sean cualesquiera sus medios, en el sentido en que Arist?teles hablaba de ?movimientos violentos? contrapuestos a los movimientos naturales.

En el fondo se trata de un problema del consensus o plena vigencia de algo dentro de una sociedad. A nadie se le ocurre que sea intolerancia la prohibici?n de vender p?blicamente coca?na, o de abandonar a los ni?os reci?n nacidos. El consensus de nuestras sociedades es suficientemente en?rgico y compacto para que nadie sienta como intolerancia esas presiones.

Lo decisivo es la existencia o inexistencia de un consensus efectivo, que es la fuente real de la legitimidad, dicho sea de paso; pero este un tema demasiado importante para tocarlo marginalmente. Cuando ese consensus falta, o cuando se va m?s all? de ?l y abusivamente se lo extiende a contenidos a los que no alcanza, el resultado es intolerancia, y, cuando se trata del Poder en su conjunto, una situaci?n de ilegitimidad, que hoy afecta a una considerable n?mero de sociedades.

Cuando empleamos la palabra ?sociedad? la usamos por lo pronto, en dos sentidos: uno plenamente saturado; como cuando hablamos de las naciones; otro m?s tenue, pero nada irreal, que es la significaci?n del t?rmino Occidente. Pero la cosa no termina aqu?, porque las otras sociedades est?n tambi?n presentes y forman parte del mundo hist?rico, que no es unitario, pero s? ya es un mundo. Por primera vez existe en realidad una historia universal, y en ese sentido nadie queda ?fuera?. Esto es lo que justificar?a hablar de ?coexistencia, si no fuera porque ?sta es una palabra impropia, buena para las cosas inertes, pero no para los hombres. Estos viven, y como viven ?juntos? ?de muy diversas maneras-, lo que les pertenece y les es necesario es la convivencia, que ser?a quiz? un nombre mejor para la tolerancia. Ni una ni otra excluyen la pugna, la rivalidad, la discrepancia, la lucha; no tienen por qu? ser ?pac?ficas?, como se apellida casi siempre con hipocres?a, a la ?coexistencia?, que puede en cambio muy bien ser inerte. Lo que tiene que haber es efectiva con-vivencia, y ?sta requiere vivir y dejar vivir a los dem?s, a aquellos a quienes se puede combatir, sin negarlos, sin pretender suprimirlos, sin violentar la realidad. Y como dijo el poeta: ?Todo se soporta, todo, / menos la brutalidad?.

Francisco Arias Solis
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 17:03
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