Lunes, 16 de octubre de 2006
ENRIQUE DE MESA Y ROSALES
(1878-1929)

?Sol de mediod?a. Castilla se abrasa.
Tierra monda y llana: ni agua, ni verdor,
ni sombra de chopo, ni amparo de casa.
El camino, blanco. Ciega el resplandor.?
Enrique de Mesa.

LA VOZ DEL CANTOR DEL CASTILLA

La poes?a de Enrique de Mesa est? enraizada en el terru?o castellano, y dentro de ?l, en regi?n de acusadas lindes, la sierra de Guadarrama, con sus puertos, aldehuelas y pueblecitos serranos. Tan ligada se halla al lugar de su cuna, monta?as tierra adentro, y de tal suerte se corresponde la expresi?n con lo expresado, que no hay en ella palabra vac?a, ni voz que no represente un objeto o una emoci?n directamente llegada al esp?ritu a trav?s de los sentidos.

La perfecci?n de la poes?a de Enrique de Mesa refleja la perfecci?n de aquellos tres viejos maestros de la poes?a castellana: Gonzalo de Berceo, nacido en Berceo; el Arciprestre de Hita; de Alcal? de Henares, y el Marqu?s de Santillana, de Carri?n de los Condes.

La poes?a de Enrique de Mesa se caracteriza, como la poes?a castellana, por el vocabulario, compuesto de voces concretas. En ella cada cosa est? designada con su nombre.

El romance a?ejo y la poes?a de moderna de Enrique de Mesa pertenecen, en su aspecto pl?stico, a la escuela de pintura castellana: la pintura realista. Pintura que nos da los objetos, no solamente como si los vi?ramos, mas tambi?n como si los toc?semos. La poes?a de Enrique de Mesa abunda en cuadros pl?sticos, lo mismo que las gestas del romancero: ?La yunta de los bueyes cruza lenta / por los terrones duros del rastrojo, / y la figura del ga??n se aumenta / al recortarse sobre el cielo rojo?.

Enrique de Mesa y Rosales naci? en Madrid el 9 de abril de 1878, muriendo en la misma capital de Espa?a el 27 de mayo de 1929. Desde muy mozo, mostr? una decidida inclinaci?n por el cultivo del arte literario.

En 1905 aparece El retrato de Don Quijote, y en 1906, Tierra y alma, con una serie de impresiones de la sierra de Guadarrama. M?s adelante, pulido ya su estilo de impecable prosista, y dando prueba de su clasicismo incomparable, public? Cancionero castellano. El a?o 1916 logr? el premio Fastenrath con El silencio de la Cartuja, verdadero ejemplo de pureza estil?stica.

Suspendidas un tanto sus labores po?ticas, entreg?se por completo a la divulgaci?n literaria en continuadas conferencias pronunciadas en el Ateneo de Madrid, dedic?ndose tambi?n a estudios de investigaci?n historicopo?tica que tuvieron sazonado fruto en un amplio y documentado ensayo dedicado a la poes?a y a los poetas en La corte de don Juan II . A?os despu?s, en 1928, reanudaba sus tareas de extraordinario rimador con La posada y el camino, nuevo alarde del idioma hispano.

La nota caracter?stica, esencial de la poes?a de Enrique de Mesa, est? en su prieto entronque con los versificadores castellanos de los siglos XVI y XVII, que en la contemplaci?n de la naturaleza y en el puro costumbrismo encontraron los motivos de su inspiraci?n elevada y profunda a la vez. Enrique de Mesa, como el maestro Antonio Machado, a cuya diestra tiene inmediato puesto en la l?rica contempor?nea espa?ola, descubre en las perspectivas y tipos la vieja Castilla toda la recia y magn?fica belleza que atesoran las fragosidades serranas y las infinitas lontananzas de la meseta central ib?rica, pobladas las unas y las otras por hombres y mujeres excelsamente percibidos y cantados siglos atr?s por el Arcipreste de Hita y el Marqu?s de Santillana.

Enrique de Mesa colabor? en varias revistas, como Helios y Faro, y en los Lunes de El Imparcial. Hizo la cr?tica teatral en La Correspondencia , La Tribuna y El Imparcial. Tambi?n colabor? en La Naci?n y Cr?tica, de Buenos Aires.

Era Enrique de Mesa empleado del Ministerio de Instrucci?n P?blica, y como tal fue varios a?os secretario de Museo de Arte Moderno. De este cargo fue destituido por la dictadura de Primo de Rivera y confinado en Soria en enero de 1929, el a?o de su muerte.

Enrique de Mesa cuidaba incansablemente la perfecci?n de sus versos, que no prodigaba. Y gustaba sobremanera de los vocablos concretos, realistas, vivos, en la boca de zagalas y cabreros, de sabroso regusto castellano. Y como dijo nuestro poeta: ?S? que fui loco . No me arrepiento. / Fui venturoso con mi locura. / Hoy , ya sensato, tan solo siento / la gran tristeza de mi cordura?.

Francisco Arias Solis
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Mi guerra es no ir a la guerra.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 4:03
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