Martes, 17 de octubre de 2006
JOSE EUSTASIO RIVERA
(1889-1928)


?La selva de anchas c?pulas, al sinf?nico giro
de los vientos, preludia sus grandiosos maitines;
y al gemir de dos ramas como fines violines
lanza la m?vil fronda su profundo suspiro.?
Jos? Eustasio Rivera.


LA VOZ DE LA NOVELA DE LA SELVA

A caballo entre los siglos XIX y XX se encuentra Jos? Eustasio Rivera, notable l?rico y extraordinario novelista. El escritor colombiano cuya vida aventurera e infeliz transcurri? en buena medida en contacto con la selva virgen, nos dej? en La Vor?gine (1924) una de las novelas de mayor relieve de la literatura hispanoamericana. En ella palpita la densa presencia de la selva, inmenso infierno verde donde sufre y languidece una humanidad ignorada por el mundo, que deriva fatalmente hacia la muerte. Rivera escribe en una especie de delirio rom?ntico; en sus p?ginas, la selva asume un aspecto alucinante, de criatura enferma, en la frontera indefinible de una locura que se contagia de naturaleza a los seres que viven en contacto con ella. El tono dominante en cualquier situaci?n y en cualquier personaje es la desesperaci?n; todos los protagonistas est?n espiritual y f?sicamente enfermos, les asalta una equizofrenia atormentada e inquietante, la misma que parece dominar la selva.

Jos? Eustasio Rivera nace en Neiva, departamento de Huila, el 19 de febrero de 1889 y muere en Nueva York el 1 de diciembre de 1928. Maestro y abogado, de dedic? al quehacer pol?tico, siendo parlamentario, e investig? la situaci?n de los obreros en las empresas petrol?feras, cumpli? diversas misiones diplom?ticas en Per?, Cuba y M?xico y particip? en una comisi?n de l?mites entre Venezuela y Colombia recorriendo el Orinoco, el Negro y el Casiquiare e intern?ndose en las selvas amaz?nicas.

Antes de La Vor?gine, que ha sido calificada de ?novela nacional por excelencia?, Rivera s?lo hab?a escrito una colecci?n de sonetos con influencias parnasianas y simbolistas, publicada en su libro Tierra de promisi?n (1921). La novela es una falsa autobiograf?a en la que el personaje, el poeta Arturo Cova, describe su aventura por medio de la selva amaz?nica: poeta c?lebre escapa de la ciudad con una joven a la que ha seducido pero no ama, para huir de las amenazas legales y el matrimonio obligado Ambos vivir?n perdidos entre la poderosa selva y protagonizar?n algunas andanzas pat?ticas.

La novela deja en el lector una impresi?n de profunda angustia. En La Vor?gine, el inmenso mundo verde se convierte en infierno real, poblado ?nicamente por criaturas decadentes. La floresta rebosa miles de humores malsanos, se manifiesta en m?ltiples formas de destrucci?n a pesar de sus maravillosas bellezas. Lo que preocupa a Rivera es el significado destructor de la selva, su car?cter enigm?tico de ?esposa del silencio, madre de la soledad y la neblina?, el aspecto majestuoso y aterrador de ?catedral de pesadumbre?, donde divinidades desconocidas ?hablan a media voz, en el idioma de los murmullos, prometiendo longevidad a los ?rboles imponentes, contempor?neos del para?so?.

Como libro t?picamente hispanoamericano, La Vor?gine acoge la consabida protesta social, esta vez por la grave situaci?n de los trabajadores de la selva, abandonados por las autoridades y entregados como esclavos ?sin protecci?n alguna- a los hombres de presa, capataces desalmados que lo consideran como bestias y act?an indiferentes a la miseria f?sica que los va aniquilando. En este sentido representa tambi?n un documento y una llamada, a favor de la dignidad del hombre, dirigida al gobierno de Bogot?. Rivera escribi? su libro cuando convalec?a de unas fiebres contra?das en los escenarios de su novela: paisajes y r?os que ?l llevaba impresos en sus retinas desde la infancia por haber nacido en una ciudad atravesada por el Neiva ?del cual recibe el nombre-, que va a desembocar al Magdalena.

En la inmensa b?veda verde, en los gigantescos ?rboles que se suceden con regularidad obsesionante, en los r?os majestuosos que atraviesan la infinita columnata de troncos, en el intricado desorden de la vegetaci?n tropical, el escritor ve un aspecto heroico de la naturaleza, la concentraci?n de fuerzas c?smicas, concreci?n del misterio de la creaci?n. Para Rivera, la selva, divinidad ella misma, exige sacrificios sangrientos como las antiguas divinidades ind?genas. El hombre es a la vez v?ctima y verdugo, puesto que se encarniza con sus semejantes para sacrificar su sangre a la sed implacable de la divinidad. De este modo, Rivera presenta a la sombra de la corpulenta bestia vegetal, una humanidad explotadora y duramente explotada. Y como dijo el poeta colombiano. ?... y con grave arrogancia, / el follaje, embriagado con su propia arrogancia / como un le?n, revuelve la melena a los vientos?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

No disparar donde haya ni?os. Stop.
En la gloria no necesitamos m?s ?ngeles.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
Publicado por Franciscoariassolis @ 4:26
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