Mi?rcoles, 18 de octubre de 2006
RICARDO MOLINARI
(1898-1996)

?Quiero acordarme de una ciudad deshecha
junto a sus dos r?os sedientos;
quiero acordarme de la muerte de los jardines, del
agua verde que beben las palomas...?
Ricardo Molinari. Casida de la bailarina (A Federico Garc?a Lorca)

LA VOZ ESENCIALMENTE LIRICA

En el clima borgiano la Argentina experimenta la afirmaci?n de otros poetas de particular relieve, entre los que podemos contar a Ricardo Molinari, Eduardo Gonz?lez Lanuza, Francisco Luis Bern?rdez, Leopoldo Marechal y Luis Can?. Es un gran momento para la poes?a argentina y todos estos poetas, al igual que Borges, pertenecieron al grupo ultra?sta y estuvo integrado en torno a las revistas Mart?n Fierro, Inicial y Cuadernos del plata.

Molinari es un gran poeta esencialmente l?tico. Notable por la pureza de su lenguaje. Molinari, como hemos dicho, pertenece al grupo ultra?sta, cuyo empe?o de valorizaci?n del paisaje contin?a; su verso se nutre de vastas lecturas de los cl?sicos espa?oles y de los poetas franceses, y revela insistentes preocupaciones formales. La tem?tica limitada, la insistencia sobre determinados s?mbolos, no han encontrado, sin embargo, toda la resonancia que esta poes?a merec?a.

Ricardo Eufemio Molinari nace en Buenos Aires el 23 de marzo de 1898 y muere el 31 de julio de 1996. Hu?rfano a los cinco a?os se cri? con su abuela materna, uruguaya, que le prodig? una esmerada educaci?n. Hacia 1933, viaja a Espa?a donde conoce a los poetas espa?oles de la generaci?n del 27, Lorca, Albeti, Altolaguirre, Prados, Cernuda, Gerardo Diego, uno de sus descubridores. Una vez casado ingres? como empleado en el Congreso de la Naci?n, ocupaci?n que desempe?? hasta jubilarse. Premio Nacional de Poes?a en 1958 ingres? en 1968 en la Academia Argentina de las Letras. Sus ?Obras completas? fueron destruidas por la dictadura militar del Proceso: ?Me contaron que un muchacho ?escrib?a Molinari-, un soldadito, un conscripto, cuando quemaron los libros m?os fue a pedirle a un oficial que le dieran un ejemplar y lo metieron en el calabozo. Son las cosas ?agradables? de la Argentina, que se ven toda la vida?.

La obra po?tica de Ricardo E. Molinari es muy abundante: El imaginero (1927), El pez y la manzana (1929), Paneg?rico de Nuestra Se?ora de Luj?n (1933), Hoster?a de la rosa y el clavel (1933), La muerte en la llanura (1937), Eleg?a de las altas torres (1937), Cuaderno de la madrugada (1939), Mundos de la madrugada (1943), El hu?sped y la melancol?a (1946), Sonetos a una camelia cortada (1949), Inscripciones y sonetos (1954), Inscripciones (1955), Oda a la pampa (1956), Unida noche (1957), El cielo de las alondras y las gaviotas (1963), Una sombra antigua canta (1966), La escudilla (1973), La hoguera transparente (1973) y La cornisa (1977).

Esta extensa obra po?tica para las j?venes generaciones argentinas ha sido ense?anza provechosa, modelo de compostura y seriedad de intenciones. La elevada conciencia de la poes?a y de la vida brota de Molinari de una ?ntima adhesi?n al paisaje, del que interpreta la nota espiritual y la tristeza interior, con mesurados acentos como se observa en ?Oda a una larga tristeza?: ?Quisiera cantar una larga tristeza que no olvido / una dura lengua. Cuantas veces. / En mi pa?s el oto?o nace de una flor seca, / de algunos p?jaros; a veces creo que de mi nuca abandonada / o del vaho penetrante de ciertos r?os de la llanura, / cansados de sol, de la gente que a sus orillas / goza una vida sin majestad?.

La visi?n del mundo no es en ning?n momento optimista; la vida es para Molinari ?una isla sin un clavel?, rodeada de ?repugnante soledad?; lo cual induce al deseo de climas oto?ales, donde la muerte se vuelve consuelo ?ltimo. Conceptos que no son nuevos, pero que el poeta expresa en formas originales de extremada modernidad, sin acentos ret?ricos. Y como dijo el poeta argentino: ?Cuando se llega para vivir entre unos sacos de carb?n y se siente que la piel / se ense?orea de hast?o, / de repugnante soledad, que el ser es una isla sin clavel, / se desea el oto?o, el viento que coge a las hojas / igual que a las almas; el viento / que inclina sin pesadez las embriagadas hierbas, / para envolverlas en el consuelo de la muerte?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
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Mi guerra es no ir a la guerra.

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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 23:08
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