Lunes, 23 de octubre de 2006
JUAN DEL ENCINA
(1469-1529)

?Hoy comamos y bebamos
y cantemos y holguemos,
que ma?ana ayunaremos.?
Juan del Encina.

LA VOZ DEL PATRIARCA DEL TEATRO ESPA?OL

De las composiciones po?ticas de Juan del Encina, lo m?s estimable son sus villancicos y sus glosas, breves y de sabor popular, realizadas con la m?sica por el mismo compuesta; pero su mayor gloria estriba en haber sido el iniciador del poema dram?tico castellano que, al secularizarse, recibe la herencia del teatro lit?rgico para adoptar formas nuevas; por eso ha sido llamado por todos el patriarca del teatro espa?ol.

Juan del Encina naci? en Salamanca hacia 1469, su apellido original era Fermoselle, que m?s adelante cambi? por el de Encina o Enzina por razones que nos son desconocidas. Estudi? en la Universidad salmantina, teniendo como maestro, entre otros, a Nebrija. Se gradu? de bachiller en Leyes y recibi? ?rdenes hasta el diaconado. La ?poca de su mayor actividad literaria puede fijarse entre 1492, fecha en que entr? al servicio del segundo duque de Alba. Hombre enamoradizo y un tanto aventurero viaj? a Roma en 1500, donde conquist? la estima de los papas Alejandro VI, Julio II y Le?n X, de cuya capilla form? parte como cantor. Represent? ante Julio II su ?gloga de Pl?cida y Victoriano. En 1509 y sin estar ordenado in sacris, ni preocuparse gran cosa de sus deberes eclesi?sticos ni de los cargos ?beneficiado de Moer?n, priorato d la catedral leonesa- que fue obteniendo y de los que percibi? los correspondientes emolumentos, por dispensa de Roma, donde segu?a viviendo, tom? por poderes el arcedianato de M?laga, donde se hallaba en 1510, y regres? de nuevo a Roma en 1513. En 1519, teniendo ya cincuenta a?os, decidi? ordenarse sacerdote y tras celebrar su primera misa en Jerusal?n regres? a Espa?a para desempe?ar un cargo en la catedral de Le?n, ciudad donde muri? hacia 1529. En 1534 sus restos son trasladados a la catedral de Salamanca, d?nde a?n hoy sigue enterrado.

En su Cancionero publica en 1496 las obras compuestas entre los catorce y los veinticinco a?os, a las que en sucesivas ediciones ir? incorporando obras nuevas. Como poeta y m?sico, Encina toca las m?s diversas gamas, la religiosa, la aleg?rica, la amorosa, la burlesca y especialmente la popular, donde destacan varios villancicos pastoriles cuyo exquisito lirismo sobrevive. Dejando a un lado el Arte de trovar, la primera preceptiva de la literatura castellana, llegamos a sus composiciones teatrales que vinculan su nombre a los or?genes de ese arte en Espa?a. Su labor dram?tica est? frecuentemente tocada por la ?poca prerrenacentista al conjugar elementos de esa etapa y otras medievales: por un lado tenemos un sentir profundo de lo religioso; por otro, un instinto paganizante evidente en Pl?cida y Victoriano. De hecho, Encina supone un gran paso hacia la secularizaci?n de las tablas, gracias al tratamiento de temas populares con un sentido realista del mundo.

Esta misma fidelidad a la realidad se da en las obras que forman la etapa intermedia entre la juventud y la madurez de Encina, y sobre todo en la ?gloga de Antruejo, aut?ntica invitaci?n al jolgorio carnavalesco. Este mismo sentido paganizante se da, pero respecto al tema er?tico, en la ?gloga representada en recuesta de unos amores, y en su continuaci?n, la de Mingo, Gil y Pascuala, influidas por los cancioneros trovadorescos. El amor saldr? en ambas triunfante, ?busquemos siempre el placer / qu?el pesar / viniese sin le buscar?.

La segunda etapa del dramaturgo ofrece ya frutos de gran madurez como son las ?glogas de Fileno, Zambardo y Cardonio, de Pl?cida y Victoriano, y de Cristino y Febea, compuestas durante su estancia en Italia, y a ra?z de su contacto con el teatro renacentista.

En Pl?cida y Victoriano triunfa el amor de la misma muerte aunque para ello Encina tiene que hacer intervenir a Mercurio, que alienta de nuevo la vida en el cad?ver de Pl?cida, otra desde?ada. Encina rompe aqu? una ley del medievo: el amor apasionado debe terminar en tragedia, en la muerte, y el autor, a medio camino entre el medievo y el Renacimiento, mata a Pl?cida para despu?s resucitarla y ofrecerle la felicidad en brazos de su amante, solo transitoriamente desde?oso. Cristino y Febea supone otro triunfo del Renacimiento y su enfoque gozoso dela vida frente al ascetismo medieval.

Encina supone un paso de gigante respecto a G?mez Manrique; con ?l estamos ya en lo teatral. Su avance por el lado ideol?gico es importante: de aquella ingenuidad religiosa a las afirmaciones del amor como gozo y deleite permitido de Cristino y Febea hay un abismo. T?cnicamente, y como m?sico, Encina conjuga este arte con la poes?a y con la acci?n, con el movimiento; estos ingredientes, algo m?s desarrollados por otros prelopistas, le servir?n al F?nix para crear el teatro nacional. Y como dijo nuestro poeta: ?No te tardes que me muero, / carcelero / no te tardes que me muero. / Apresura tu venida / porque no pierda la vida, / que la fe no est? perdida, / carcelero, / no te tardes que me muero?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

Paz, queramos paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
Publicado por Franciscoariassolis @ 19:02
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios