Lunes, 20 de noviembre de 2006
EN EL 75? ANIVERSARIO DEL MITO DE AZA?A

?Seamos dignos de nuestra historia?.
Manuel Aza?a.


EL MITO Y LA UTOP?A DE AZA?A

Pocos hombres p?blicos en la historia pol?tica de cualquier pa?s han sido tan zaheridos y vituperados como Manuel Aza?a en el nuestro. Si tuvi?semos que juzgarle por las inculpaciones que algunos le han hecho, como obedeciendo a una consigna, tendr?amos que pensar que todos los males y errores de nuestro pa?s, tienen un ?nico responsable.

Pero Manuel Aza?a naci? a la gobernaci?n p?blica el 14 de abril de 1931, como ministro de la guerra. Meses despu?s pasa a la presidencia del Consejo de Ministros, hasta septiembre de 1933. Aunque hubiese sido Atila ?se concibe que en tan poco tiempo hubiera consumado los desastres que se le atribuyen a ?l solo? Nadie lo piensa ni puede pensarlo ?Por qu? entonces esta aversi?n reiterada, este encono exacerbado y esa persecuci?n incesante? ?En qu? zonas del esp?ritu humano se esconde tanto odio o fingido desd?n contra un hombre, que si de algo pec?, si eso es pecar, fue de excesivo candor, es decir de extremada pureza de intenciones?

En efecto, Aza?a es un mito demon?aco. S?lo en un pueblo donde una parte de su conciencia social ha sido tan deformada por veinte siglos de supercher?as, se concibe que el terror y, al mismo tiempo, la furia de las clases derrocadas por el 14 de abril de 1931 hayan hecho de este hombre un s?mbolo demon?aco, el brazo destructor de sus privilegios. Hecho curioso, el pol?tico en quien se incorporaba esa perversidad diab?lica no era un Francisco Largo Caballero u otro socialista cualquiera, sino Manuel Aza?a, un republicano liberal, un partidario del r?gimen de la propiedad privada, un exponente de los intereses de la peque?a burgues?a.

Y s?lo en un pa?s de la tradici?n inquisitoria que tiene Espa?a, donde a los pose?dos del demonio se les salvaba quem?ndolos en la hoguera, se comprende que las clases privilegiadas hayan perseguido a Aza?a con el encono que han venido haci?ndolo, hasta encarcelarle por los sucesos de octubre de 1934.

Esta campa?a persecutoria contra un hombre elevado a mito demon?aco por las clases privilegiadas ha producido esta reacci?n afectiva que se manifiesta en los m?tines, esta adhesi?n sentimental de las masas populares por el perseguido. Por una ley de compensaciones, el mito demon?aco de los unos se transforma en ?dolo para los otros.

Leyendo sus discursos y pudiendo estar o no de acuerdo con todas las ideas del orador, en un punto nos cautiva por completo: en la sugesti?n est?tica de su lenguaje. Aza?a es un orador que habla como si estuviera escribiendo. No han existido muchos pol?ticos capaces de reunir espont?neamente a casi medio mill?n de personas para o?rle. Con ser un orador de primer orden, no hay que pensar que lo que atra?a a esos cientos de miles de oyentes es el hechizo de su elocuencia, generalmente demasiado desnuda y literaria; ni lo que sol?a prometer, que en eso Aza?a es m?s avaro que pr?digo; ni siquiera su ideolog?a liberal, que nunca cont? con tantos seguidores.

Para Aza?a el estado no es un mont?n de blanda arcilla que se puede modelar a capricho, ni un bot?n, ni un escenario, ni un cortijo para amigos y compadres. ?Se sirve al estado ?dice Aza?a- sin derechos o recompensas alguna, sin m?s satisfacci?n que la interior de haber cumplido con el deber?. Y adem?s a?ade: ?La mayor desdicha de un gobernante o de un hombre p?blico que quiere hacer algo ?til en su pa?s son sus amigos?,

Aza?a s?lo promete abnegaciones, sacrificios y el placer de trabajar oscuramente. Un hombre as?, apela nada m?s que a la conciencia del deber en servicio de una idea o un sue?o nacional, sin otros medios materiales que la voluntad y la pasi?n de la justicia, como don Quijote, pero m?s desvalido a?n que ?l, ?yo ni siquiera tengo celada de cart?n ni caballo; pero ?sa es nuestra locura, ?sa nuestra vocaci?n y ?se es nuestro prop?sito?:

La mayor?a de los que acud?an en grandes masas a los m?tines de Aza?a, mito demon?aco creado por el rencor y la impotencia de algunos, no ven en ?l, sino la negaci?n y la protesta contra todo lo que pululaba en este pa?s nuestro y de la picaresca: la austeridad frente a la corrupci?n; la inteligencia cultivada, frente al cretinismo indocto y a la petulancia audaz; la entereza de car?cter, frente a la doblez y la infidencia; el esp?ritu p?blico, frente a la rebati?a secreta; pero sobre todo eso ven al hombre cuya misi?n es realizar, al menos en parte, la transformaci?n social de nuestro pa?s. ?Dentro de la Constituci?n hemos de movernos todos; pero el ambiente moral y la capacidad de so?ar y el empuje resolutivo de las cuestiones pendientes en Espa?a ?ah!, eso no tiene horizontes ni l?mites, ni se le puede poner barreras?.

Esa fue, su noble y bella utop?a. Aza?a so?aba con realizar poco a poco la transformaci?n de nuestro pa?s por medio de la Constituci?n. No hay esperanza sin sue?o; ni sue?os sin esperanza. El esperaba que la sociedad espa?ola fuese cada d?a m?s moderna y ese fue el motivo capital para que fuera aborrecido por los sectores autoritarios, r?gidos y estereot?picamente antiguos. Y como dijo el poeta: ?Historia / es hacer memoria?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]

URL: http://www.arrakis.es/~aarias


No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Publicado por Franciscoariassolis @ 23:05
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