Mi?rcoles, 24 de octubre de 2007
LA ESTIMACION DE LA VIDA HUMANA

?Todo necio
confunde valor y precio.?
Antonio Machado.

EL VALOR DE LA VIDA

Aunque la muerte, por ser inevitable para todos y la terminaci?n de la vida, parecer?a un elemento constante e invariable, sucede todo lo contrario: es dif?cil hallar una realidad respecto a la cual var?en hondamente las interpretaciones y que condicione en mayor medida la perspectiva en que se presentan las dem?s. Son varias las razones de que la muerte sea previvida de diferentes maneras. Una de ellas su frecuencia, es decir, aquella con que aparece en torno nuestro. En ciertas formas de vida, siempre es inminente, se cuenta con la muerte como algo que puede sobrevenir en cualquier instante, que nos puede alcanzar cuando menos lo pensemos, a nosotros o a las personas que nos importan; en otras situaciones, a la inversa, la muerte parece m?s lejana; podr?amos decir que es segura, pero en cada caso y en cada momento improbable, cierta e inevitable, pero en concreto inveros?mil. La determinaci?n del grado de probabilidad con que es la muerte en cada sociedad es un requisito imprescindible para entender esa forma de vida y toda una serie de comportamientos humanos.

La elevada mortalidad infantil, la desaparici?n de millares de personas por hambre, epidemias, inundaciones y cualquier g?nero de desastres; la facilidad del fallecimiento ?inexplicado?, por vagas enfermedades que no se localizan, son factores que llevan a una f?cil aceptaci?n colectiva de la muerte como algo que pertenece a la condici?n misma de la vida en su detalle, por tanto, dentro de su trama cotidiana, no como un tel?n de fondo que la limita en el futuro. En otras formas de vida, en cambio, la muerte est? m?s o menos ?localizada?; se le contiene dentro de ciertas fronteras; las grandes calamidades parecen descartadas; se cuenta que no habr? hambre, ni peste, ni terremoto, ni -en algunas fases de la historia- guerra. La muerte se racionaliza, se reduce a medida; las compa??as de seguro la prev?n y calculan estad?sticamente; y hasta para cada individuo aforan su probabilidad: una estipulaci?n de su edad y un reconocimiento m?dico fijan el importe de la p?liza que hay que pagar, es decir, la verosimilitud de la muerte. Cada defunci?n se explica, se sabe -o se pretende saber, al menos- por qu? ha muerto cada hombre; del vago ?dolor de costado? que acababa con tantas vidas hace medio milenio. Cada vida es defendida incre?blemente m?s; se lucha con la muerte como si en principio fuese posible vencerla; desde antes se dejaba operar a la guada?a, ahora se intentan remedios extraordinarios: operaciones, transfusiones, trasplantes de ?rganos; los m?dicos vuelan en aviones hasta remotos pacientes; estos acuden de continente a continente en busca de hospitales famosos; los ?pulmones de acero? van y vienen aceleradamente, compitiendo en velocidad con la muerte. Y a consecuencia de ello parece siempre, cada vez m?s, accidental y violenta en vez de ser inevitable y natural. Todav?a no podemos medir la transformaci?n que esto va a producir en la sensibilidad vital, en el modo de sentirse instalado en la vida. Los hombres que vivimos hoy, al menos los que ya somos adultos, no nos sentimos demasiado afectados, porque estamos sometidos a las vigencias anteriores; dentro de pocos decenios, si otros factores no alteran esta situaci?n, se ver? la enorme transformaci?n operada. Y hago esta restricci?n porque la amenaza de guerra y, sobre todo, de las armas at?micas est? introduciendo en las mentes la noci?n de la probabilidad de la muerte con una fuerza desconocida en Occidente desde hace siglos.

Un tema muy pr?ximo, pero que habr?a que tomar independientemente y no en estricto paralelismo, es el valor que tiene la vida humana en cada sociedad, por tanto, la resistencia que en ella provoca la acci?n violenta, sobre todo cuando tiene car?cter individual, como el crimen; m?s a?n cuando no es algo azaroso y accidental, sino simplemente deliberado y voluntario, como la pena de muerte. En grandes periodos de la historia occidental -para no buscar ejemplos lejanos- esta no ha tenido importancia; se ha aplicado con cierta liberalidad, pero, sobre todo, con perfecta naturalidad, como algo que est? dentro del orden y acerca de lo cual no hay que hacer demasiadas alharacas.

?Cu?l es en cada sociedad la estimaci?n de la vida? ?Con cu?nta imaginaci?n o con qu? mec?nico automatismo se piensa en la muerte? Eso es probablemente lo decisivo, no una mera cuesti?n de ?crueldad? o ?ternura?. Y como dijo el poeta: ??Por qu? todo el mundo se muere? / Es una pregunta tan tonta / que no hay sabio que se la plantee. / Ni hay Dios que la responda?.

Francisco Arias Solis
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Te matan y despu?s
piden perd?n al cad?ver.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
Publicado por Franciscoariassolis @ 22:48
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