Lunes, 03 de diciembre de 2007
EUGENIO NOEL
(1885-1936).

?Me reconstruyo en aquella cocina del viejo palacio
de la duquesa de Sevillano. Mi madre se afana
en los quehaceres dom?sticos. Yo, ni?o sin juguetes
y sin ni?ez, vivo esa vida contemplativa y hosca
que hace so?adores a los hombres.?
Eugenio Noel.

LA VOZ ENTRE LO CASTIZO Y LO IDEAL.

Heredero tard?o de una preocupaci?n regeneradora de Espa?a, por contradictorios y sorprendentes caminos, a medias entre la trascendencia y la superficialidad, entre los toros y el flamenquismo, entre lo castizo y lo ideal, entre los casinos de pueblo y las sopas de ajo, entre Unamuno y Ciro Bayo, entre su pasi?n por la lengua y el novecentismo, entre, en fin, lo bohemio y lo valleinclanesco, Eugenio Noel representa hoy, o debiera representar, una de las corrientes m?s vivas y vivificadoras para la comprensi?n y existir de los espa?oles.

Vida agitada, obra amplia, bohemia y pobreter?a y locura, Eugenio Noel no fue capaz de inventarse una noveler?a entre elegante y modernista, a lo Valle-Incl?n, qued?ndose solamente en algo, en eso que la sociedad espa?ola, en este y en otros tiempos, no perdona: la ausencia de reconocimiento por la clase o los estamentos que deciden, quiz? caprichosamente, la colocaci?n o el lugar que, tanto en la literatura como en la vida, debemos ocupar cada uno de nosotros. Y en esto, como en otras muchas cosas, Eugenio Noel no supo, o no quiso, estar a la altura de las circunstancias; a la altura que la clase dirigente, tanto pol?tica como cultural, le vino exigiendo.

El hecho de que su obra, no haya tenido la resonancia y la justicia literaria que, sin duda alguna, merece, no debe hacernos olvidar su presencia y reconocimiento en algunos de nuestros grandes escritores. As?, un esp?ritu tan exigente como Bergam?n, y a la vez tan taurino, supo ver y apreciar el arte y el m?rito literario de Noel. En 1962 escrib?a: ?un escritor de indudable talento y nobles prop?sitos, hombre de origen humilde, del que se enorgullec?a justamente, pues alcanz? notoriedad merecida por su estudio y esfuerzo?. Del mismo modo, Unamuno se siente atra?do y hasta influenciado por la pasi?n que informa su campa?a y escritos: ?Hoy mismo -escrib?a don Miguel- tiene sobre s? unos cuantos procesos por ese llamado delito de imprenta, que a menudo se reduce a decir lo que no puede decirse, esto es: la verdad?. Cansinos Assens lo vio as? en su libro La nueva literatura: ?... mezcla extra?a y primera entre nosotros de pensador, de literato y de propagandista en el estilo americano?. Contamos asimismo con un curioso retrato que de Noel nos dej? Ram?n G?mez de la Serna: ?Noel es la figura representativa del escritor que pudo ser genial; pero el medio se empe?? en no dejarle, en hostilizarle, en hacerle vivir de precario?.

Sus or?genes, como ?l mismo no tuvo ning?n recato en confesar, fueron muy humildes. Eugenio Noel, seud?nimo de Eugenio Mu?oz D?az, nace en Madrid el 6 de septiembre de 1885, a?o llamado ?del c?lera?, enfermedad que asol? por entonces gran parte de Espa?a. Desde sus primeras letras -en un colegio particular y luego con los padres Escolapios- demostr? Eugenio Mu?oz una desmedida pasi?n por la lectura. Seminarista m?s tarde en el Colegio y Casa Misi?n de los Cartujos de Tardajos, a dos leguas de Burgos, estudios costeados por la duquesa de Sevillano, Eugenio Mu?oz descubri? su total carencia de vocaci?n religiosa y regres? a Madrid. No obstante sigui? sus estudios religiosos cada vez con menos entusiasmo y regularidad, en el Seminario Conciliar de San D?maso de Madrid, pues por entonces comenzar?an ya sus primeras aventuras amorosas. Y, especialmente, con Mar?a Noel, una cantante que, al parecer, inspir? algunos de sus primeros trabajos literarios as? como Alma de santa (1909) y sobre todo algo ya definitivo en su vida, su propio seud?nimo: Eugenio Noel... Curiosa es tambi?n su estancia en Malinas (B?lgica), costeada por la duquesa, para estudiar nada menos que con el famoso cardenal Mercier, del que fue aplicado disc?pulo. A su vuelta a Espa?a, asisti? a clases de derecho de la Universidad madrile?a, aunque durante poco tiempo.

Sus afanes de reivindicaci?n social, nacidos al amparo de sus ideas republicanas fueron confirmando su persona y su literatura. Parece que su primer art?culo titulado ?La locomotora invencible?, trataba de defender las nuevas ideas socialistas. Conoce a muchos escritores, a Villaespesa, a Carrere, a Ciges Aparicio y asiste a la tertulia del caf? Nuevo de Levante que preside Valle-Incl?n. En 1909 se alista como voluntario de los ej?rcitos de Espa?a en el norte de Marruecos. De su campa?a de ?frica, de sus art?culos en Espa?a Nueva, el peri?dico republicano que dirig?a Rodrigo Soriano, nace un libro, Notas de un voluntario. M?s la conservadora justicia espa?ola no tarda en empapelarle y nada menos que por su primer art?culo; ?C?mo viven un marqu?s y un duque en campa?a?. Termina en la c?rcel Modelo. Al salir de la c?rcel Noel, conoce a Amada, una cubana que ser?a el amor de su vida. Estamos ya en 1913 y Noel va a emprender seriamente, concienzudamente, obstinadamente, su campa?a antiflamenca, con la pasi?n de un converso, recorriendo toda la Espa?a rural y terrible, ?como si fuese un Costa con s?lo un leit-motiv?.

Cuatro veces, adem?s, cruz? el Atl?ntico, recorriendo pr?cticamente toda la Am?rica de habla espa?ola. En 1918 realiz? su primer viaje a Cuba. Y el cuarto y ?ltimo, desde abril de 1935 al mismo mes de 1936, en que lleg? a Barcelona, para morir pocos d?as despu?s.

Por Ram?n G?mez de la Serna sabemos que una vez en Sevilla alguien quiso pincharle con un estoque de toreo y que en un colmado le cortaron la melena y s?lo le dejaron el rabito enguizcado en una coleta. Pero el autor de Las siete cucas no se quedaba tampoco corto. Fue el primero que llam? ?bestiario? a los toreros y pregon? a voz en grito que el mismo Joselito muri? de miedo y que la peritonitis fue inventada, asegurando hab?rselo o?do a los m?dicos de Talavera. Pero la verdad es que fue un picador, el picador Veneno -luego protagonista de una de sus novelas cortas- el que le salv? la vida en C?rdoba de las iras de la multitud.

Pobre, como siempre vivi?, muri?. Fue en Barcelona, Hospital de San Pablo, el 25 de abril de 1936. A?o tr?gico para Espa?a y en que tambi?n desaparecer?an Valle-Incl?n, Unamuno y Maeztu, tres representantes de esa generaci?n del 98 cuyas preocupaciones regeneradoras continu? apasionadamente Eugenio Noel. Un art?culo publicado en Renovaci?n firmado por Alfonso M. Carrasco, el domingo 26 de abril de 1936, nos da idea de la soledad y desamparo de la muerte de este gran escritor: ?Ha muerto Eugenio Noel, en la cama de un hospital, pobre como una rata y, aparte de su mujer, abandonado como un trasto in?til. As? se ha ido del mundo de la carne el autor de Rep?blica y flamenquismo?.

La obra de Eugenio Noel, nos dijeron sus primeros bi?grafos, Gonz?lez Ruano y Carmona Nenclares, ?es tumultuosa y torrencial. Todo lo que se refiere a este autor, desde su aspecto a su conversaci?n, tiene aire caudaloso y vario?. Nada m?s cierto. Todo en ?l es desmesurado, inmenso. Nada es comedido, racional, medible. Cl?sico, castizo y moderno, pero a la vez personal?simo. Nadie se parece a Noel y Noel no se parece a nadie.

Su obra, que mezcla casi todos los g?neros, y que inventa alg?n otro de actual vigencia en nuestra literatura, comienza con una novela corta, Alma de santa, que contiene claros elementos autobiogr?ficos, y se contin?a con El flamenquismo y las corridas de toros, Rep?blica y flamenquismo, Pan y toros, para llegar al libro clave de toda esta campa?a: Escenas y andanzas de la campa?a antiflamenca.

La capea, aparece en 1915, y es, junto a Las siete cucas, el libro m?s reeditado de Noel. Nervios de la raza es tambi?n de 1915, donde resucita la ideolog?a noventaiochista de Maeztu, Ganivet y Unamuno, aunque con ciertas discrepancias. No olvidemos que la mayor?a de sus cr?ticos califica a Noel de claro ep?gono del 98. Castillos de Espa?a, Se?oritos chulos, fen?menos, gitanos y flamencos, Vidas de santos, m?rtires, diablos cl?rigos y almas en pena, Semana Santa en Sevilla, Juicios de valor, Piel de Espa?a, Vidas pintorescas de fen?menos, toreros enfermos, diestros y siniestros de embrutecimiento nacional, Espa?a nervio a nervio, Raza y alma, Aguafuertes ib?ricos, La revoluci?n hispana. C?mo ha ca?do la Rep?blica espa?ola en el alma de nuestras colonias americanas, Taurobolios y verdades contrastadas y m?s o menos largo etc?tera.

Pues bien, La suerte de esta obra, variada y personal, ha sido dispar. Porque si bien es cierto que Noel no ha carecido de estudiosos y exegetas, en mayor medida que otros compa?eros de generaci?n, no es menos cierto que esta obra no ha traspasado los estrechos l?mites de una culta y erudita clase literaria.

En su af?n regenerador, Eugenio Noel se sinti? tambi?n llamado a regenerar el idioma, tan maltratado. Y v?ase por d?nde, proviniendo de la cantera o mina popular el vocabulario de Noel, m?s que de su erudici?n human?stica, result? ser un escritor admirado y le?do por una minor?a intelectual; pero incomprensible para el vulgo en muchas de sus p?ginas y dif?cil de entender en todas.

Eugenio Noel fue un gran escritor al que ladearon los de su ?poca. Autodidacta formidable, nutrido de s?lida cultura, espa?ol de ra?z, viaj? sin cansancio por la piel de Espa?a. Para morir en la miseria y en la soledad. Y como dijo el poeta: ?Se qued? tan solo / como se queda el torero / despu?s de matar el toro?.

Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre m?s que entre libres.

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Gracias.

Tags: EUGENIO, NOEL, FRANCISCO, ARIAS, SOLIS

Publicado por Franciscoariassolis @ 7:36
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